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Archive for 21/11/09

Francisca Martín-Cano Abreu, ingeniera técnica industrial, escritora, escultora y arqueoastrónoma recoge en su bitácora no sólo los razonamientos sobre la apropiación por parte del cristianismo de creencias de religiones agrícolas anteriores sino las ausencias de pruebas que sostengan el mito de Jesús como personaje real.

Hoy sabemos que no existe ninguna evidencia histórica que apoye lo que relatan los evangelios, [éstos son] la única fuente que da existencia real humana a Jesús, y que la celebración del nacimiento de Jesús es una fiesta imitada por los evangelistas apropiándose de una tradición anterior al invento de la religión cristiana, en la que se celebraba el nacimiento de un Ser de una Madre virginal y en la que se intercambiaban regalos. Son muchos los autores que no consideran personaje histórico a Jesús.

mcasvaz2002 dice en 2006: No hay ningún texto contemporáneo a la época de Jesús que hable sobre él, ningún registro, ningún dato que apoye su existencia o los acontecimientos que se narran en los evangelios respecto a su vida (…).

David Sánchez también observa que hay ausencia de datos, tras investigar al respecto, y dice en 2003: … uno sí aprecia que Jesús está misteriosamente ausente de las fuentes clásicas (gracias a las cuales sabemos casi todo lo que se cocía en la época de Jesús). No hay nada de Jesús ni en Séneca (que murió en el 66 d.C.). ni en Petronio ni Lucano (muertos en el 65 d.C.), ni en Plinio el Viejo (fallecido 79 d.C.), ni en Plutarco (45-125 d.C.), ni en Quintiliano (65-95 d.C.), ni siquiera en el alejandrino Filón (muerto en el 54 d.C.)

Alvar Gosp (2002) que ha investigado al respecto, cita a varios autores, entre ellos a Timothy Freke, que afirma que tanto Filón, eminente autor judío que escribió unas cincuenta obras de Historia y filosofía hace menos de 2000 años, como su contemporáneo Justo de Tiberíades que escribió una historia desde Moisés, no mencionan a Jesús. Asimismo la cita a Jesús que se encuentra en la obra Antigüedades de los Judíos, del historiador judío Flavio Josefo, que ha sido considerada por los cristianos como prueba concluyente de su existencia, ha sido juzgada como fraude por filólogos, tras estudiar el estilo en que ha sido redactada. Han descubierto que es diferente al usado por Josefo, por lo que llegan a la conclusión de que fue añadida posteriormente. Y probaría que no estaba en el escrito original los estudios de Orígenes del siglo III, considerado un concienzudo investigador por la iglesia, que afirmaba que Josefo no citaba a Jesús y que no creía en ninguna figura mesiánica judía.

Creer que Jesús existió tiene la misma validez que creer en Aliena o Caris como personajes reales. Y ahora nos podemos preguntar: Si no existió el “jefe”, ¿quién inventó todo el tinglado que sostiene la secta católica? Muy sencillo, el esquizofrénico, misógino y loco Pablo de Tarso, tal como nos enseña el filósofo Michel Onfray. Creer otra cosa es eso, creencia. Así que no me vengan a evangelizar con el “mayor fraude de la humanidad jamás contado”, el cristianismo. Que no vengan a “mi casa” a rezar y yo no iré a la suya a pensar.
La clave de todo está aquí: ¿Dios existió siempre? No.

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El secreto de la pirámide

El secreto de la pirámide es el título de una película producida por Steven Spielberg y dirigida por Barry Levinson. Se estrenó en 1985 y su trama, de aventuras, más bien juvenil, trata de los inicios de Sherlock Holmes y su amigo Watson en el mundo de los detectives cuando sólo eran unos estudiantes de bachillerato. Está entretenida.

El misterio radica en una cuestión elemental y fundamental: Menos del 1 por 100 de los espectadores de los cines vio el verdadero final de la película. Cuando comienzan los títulos de crédito del final, los cines españoles encienden las luces, echan la cortina a la pantalla y la gente se levanta para irse. Pues bien, de nada sirvieron los gritos de algún espectador que se quejaba desde su butaca a la empresa por no permitir ver tranquilamente el verdadero final (que transcurre justo detrás de esos títulos de crédito).

  

Spielberg y Levinson intentaban educar a la gente sobre la importancia de todo el metraje en las cintas cinematográficas, y quien ama el cine se percató de que los títulos de crédito se superponían a otras escenas.

 

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