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Dios y el Coronavirus

Nuestro amigo Chumbeque me manda esta imagen:
[…] ¿Funcionan las oraciones? ¿Cuáles?

Hay una categoría de oración en la que se ruega a Dios que intervenga en la historia humana para enmendar una injusticia real o imaginada o una calamidad natural; por ejemplo, cuando un obispo del Oeste norteamericano reza para que Dios intervenga y acabe con un período de sequía devastadora. ¿Por qué se necesita la oración? ¿No sabía Dios nada de la sequía? ¿No era consciente de que amenazaba a los parroquianos del obispo? ¿Qué implica eso sobre las limitaciones de una deidad supuestamente omnipotente y omnisciente? El obispo también pidió a sus seguidores que rezaran. ¿Hay más probabilidades de que intervenga Dios cuando son muchos los que le piden compasión o justicia, o con unos cuantos basta? […] (1)

Hay que ver lo claro que se ve el mundo cuando uno aplica su propio pensamiento en vez de los dogmas de otros. La voluntad y el espíritu crítico personal son cercenados por las religiones, como explico en el post “Temor de Dios”

(1) El mundo y sus demonios, de Carl Sagan.

Y para entenderla mejor, pinchen en estos enlaces: ¿De qué sirve rezar? y ¿De qué sirve rezar? II

Ayer se produjo en España un acto demencial por parte del reincidente arzobispo de Granada, Francisco Javier Martínez. A este sujeto no se le ocurrió otra cosa que celebrar misa a la que acudieron una veintena de fieles en un momento en el que las autoridades civiles tienen prohibido celebrar misas con gente. Lo más curioso del caso es que la policía acudió a desalojar la catedral de Granada, aunque no multó a ninguno de los comparecientes, los cuales fueron saliendo de uno en uno tras recibir la comunión (teofagia). Desde luego, siendo grave esta manifestación de falta de cerebro, no es lo peor, puesto que la nota en esta crisis la está poniendo It (“eso”) que malgobierna en Estados Unidos.

La “joya” pelirroja y peligrosa del Norte no toma medidas contra los actos religiosos y permite que sean otros (los gobernadores de los estados) quienes tomen las medidas oportunas. Resulta que el geriniol (religión) es muy fuerte en demasiados sitios como para prohibir las misas, de manera que allí, en vez de confinarse, se reúnen en las iglesias, en la esperanza de que ese dios al que rezan y que no evitó Pearl Harbor, ni Hiroshima, ni la peste bubónica, ni la gripe norteamericana (mal denominada gripe española de 1917), ni los atentados del 11 de septiembre, ni la llegada al poder de semejante sujeto como el que hoy manda, pueda acabar con el coronavirus.

Encabezando la lista de contagios y muertos, los Estados Unidos se están tomando a broma esta crisis sanitaria, y la culpa es de la OMS (según el pelirrojo), a la que amenaza con retirar su aportación económica.

Yo me digo a mí mismo: las misas serán “sagradas” pero en esta época pueden provocar muerte. Si no fuera porque cuando los creyentes se contagian de coronavirus, en vez de ir a su iglesia a curarse, acuden al hospital para que los médicos puedan tratarlos, los animaría a seguir yendo a sus templos, a ver si así se acaba con tanto fanatismo religioso a costa de sus mermas. Pero no. No todos somos iguales. Yo quiero que todo el mundo se cure, sea creyente o no, y quiero que esos creyentes que siguen yendo a misa puedan llegar a comprender que colapsar los hospitales cuesta vidas humanas. De manera que les pido que guarden su confinamiento y recen en casa (si es que sirve de algo).

Aunque estoy seguro que la respuesta del rabino más antiguo que reza en el Muro de las Lamentaciones de Jerusalem es la correcta: Le preguntaron qué sentía tras llevar 60 años rezando ante el muro. Y el rabino, inocentemente, respondió: ¡Nada, como si le hablara a una pared!

No os perdáis lo de Stephen Baldwin y lo de Juzgar sentimientos religiosos y Coronavirus (reflexión)

Coronavirus (reflexión)

En estos momentos estoy confinado en mi casa por culpa de una pandemia. No soy adivino para prevenir el futuro, pero tengo mente para analizar la actualidad. Esta mañana escuché a una oyente que llamaba a una emisora de radio para quejarse porque en pleno siglo XXI la humanidad no disponga de los adelantos técnicos adecuados para evitar esta pandemia. Y esa imbecilidad me ha puesto ante el teclado para escribir sobre el tema.

Si en el mundo somos casi ocho mil millones de personas, estoy seguro que tenemos igual número de propuestas para solucionar la crisis del coronavirus. Y ante tantas opiniones, lo mejor siempre es hacer caso a las autoridades sanitarias.

La oyente anterior ignora que, en la Edad Media, la peste bubónica acabó con la mitad de la población en Europa. ¡¡Y es precisamente porque estamos en el siglo XXI que las muertes por coronavirus, aunque importantes, no llegarán a tanto!! La sociedad moderna dispone de vacunas, antivirales, antibióticos, análisis de ADN, etc., que no existían antiguamente, pero no pueden curarlo todo. Siempre surgen nuevas enfermedades, de la misma manera que siempre surgen populistas interesados que acusan al gobierno de no prohibir las manifestaciones en España el 8 de marzo pasado, mientras ellos arengaban a 10.000 personas en un mitin en Vistalegre (Madrid) donde resulta que, como se supo después, la cúpula de ese partido estaba contaminada. ¿Por qué no suspendieron ellos su acto para predicar con el ejemplo? Pues porque esa gente no busca el bien de todos sino el bien de su ideario.

Me indigna que, en tiempos graves, haya tanto irresponsable que, desde su púlpito, predica a toro pasado. Me indignan los que se saltan el confinamiento para evitar el contagio, y me indigna que, visto lo visto, los profesionales de la religión suspendan sus ritos religiosos en vez de poner a prueba la fe que tienen en un amigo imaginario que nunca, nunca, da señales de vida (y éste sería un buen momento)

Antes o después saldremos de esta situación. Y para muchos será “gracias a dios”, pero la gente coherente, sensata, y no arrastrada por ladridos de ciertos populistas, reconocerá que habremos salido por la actuación de tantos y tantos profesionales de la Medicina. Por la acción que, con los fallos lógicos por lo novedoso de esta crisis, hayan realizado los organismos nacionales, europeos y mundiales. Mi vecino podrá seguir ladrando (incluso más alto que su propio perro), pero será una vacuna quien lo inmunice, y nunca las bravuconadas de los quemasangres que no paran de proliferar por ciertos medios de comunicación.

No se pierdan: Sentencia del Gran Mandy sobre la homeopatía. Anaxícrates publicó esto: La homeopatía es perversa. La Sociedad Española de Neurología prácticamente dijo esto: La homeopatía es basura.
Obligatorio leer: Pseudociencia en Oncología, Las creencias asesinas y abusivas, La Psicología científica y las pseudopsicologías, Cáncer y pseudomedicinas y sobre todo El fraude de la VitaminaC contra el cáncer.

Terraplanista gilipollas

¿Sabéis lo que es un “gilipollas esférico”? Pues se trata de un tipo que es gilipollas lo mires por donde lo mires. Y este es el caso de Mike Hughes, fallecido el pasado sábado haciendo el tonto con un cohete casero.

Vaya por delante que nunca me alegraré de la muerte de ningún ser humano, a pesar de que lo hagan de manera estúpida (como veréis en el vídeo de más abajo) El tipo mencionado construyó su cohete y se lanzó a conseguir una altura que le permitiera fotografiar la Tierra y “demostrar” que es plana. La tragedia se vio venir desde el inicio del experimento porque, nada más salir el cohete, se desprendió el paracaídas que le permitiría aterrizar con suavidad. La imágenes del vídeo son sobrecogedoras ya que el desastre se vio venir, y como si del coyote de dibujos animados se tratase, se ve caer al sujeto contra el suelo y saltar la clásica nube de polvo que el enemigo del correcaminos levantaba cada vez que caía por el precipicio.

 

No importa el folclore de la noticia, no importa si Hughes montaba un número para “hacerse notar” en la vida. Lo verdaderamente importante es que, si uno muere por una estupidez, nadie se apiadará de él. Y lo peor es que los gilipollas esféricos abundan por el mundo, incluso en las más altas cimas del Poder.

Hay que leer: La última ‘moda’ de la New Age: La Tierra es plana, La Edad de la Tierra y La Edad de la Tierra (II)

La Asociación de Abogados Cristianos, en contra de las enseñanzas de su “amigo imaginario” (Dios), no perdona al actor Willy Toledo y lo lleva a los tribunales por cagarse en Dios (lo que es lo mismo: “herir los sentimientos religiosos”). Dicho actor no es que me guste mucho, pero ya hace dos años se abrió esta causa penal contra él, y hoy se va a sentar en el banquillo, a pesar del cambio de postura de la fiscalía (que pide su sobreseimiento), pero el juez considera que la Asociación de Abogados Cristianos tiene base para hacer perder el tiempo a su señoría.

¿Podré acudir yo a ese tribunal a denunciar a la gran cantidad de creyentes por la gran cantidad de amenazas con el infierno hacia mi persona? ¿Podrá mi vecino acudir al tribunal de su señoría a denunciar que ha sido “herido en sus sentimientos conservadores? ¿Podrá acudir la gente de Podemos a denunciar al excampeón del mundo de lanzamiento de hueso de oliva (Teodoro García Egea) por herir los sentimientos progresistas?

El disparate de los privilegios que todavía tiene un ser inexistente e imaginario en la moderna sociedad del siglo XXI es un insulto a la inteligencia (al menos, a la inteligencia atea) ¿Podré acudir al tribunal de su señoría a denunciar las heridas en mis sentimientos ateos? Ya veremos cómo acaba este esperpento de juicio que se inicia hoy.
No podéis perderos: Kagüendjos, Cómo cocinar un Cristo y Juzgar sentimientos religiosos = disparate.

Hace unos días se celebró en Miami la final de la Super Bowl (el mayor evento deportivo de Estados Unidos). Y en el descanso amenizaron el ambiente dos impresionantes artistas latinas: Shakira y Jennifer López. Sin embargo, entre la comunidad cristiana siempre destaca algún gilipollas que pone en evidencia lo dañina que es la religión para la Humanidad.

Resulta que un tal Dave Daubenmire, de la derecha rancia radical, está preparando una demanda de 867 millones de dólares contra la NFL (organizadora del acto), porque, según él, el espectáculo del descanso en el que maravillaron al mundo tanto Shakira como Jennifer López fue un escándalo. El tipo dijo: “¿No podría haber sido calificado de pornografía? ¿Hubo alguna advertencia de que su hijo de 12 años —cuyas hormonas apenas han comenzado a funcionar— vería algo que podría causarle excitación sexual?, se pregunta Daubenmire. ¿Podría entrar en una sala de tribunal y decir: ‘Ver lo que se transmite en esa pantalla me pone en peligro de fuego infernal?

No, Dave, no. Algo que lleva a la mayoría de la Humanidad a imaginarse el Cielo (contemplando ese espectáculo) no puede estar mal a los ojos de su “amigo” imaginario al que llama Dios. Al infierno se va de cabeza con actitudes tan retrógradas como las suyas. ¡Lástima siento por su hijo!

Busque usted abogados (hay muchísimos fanáticos como usted), recoja firmas, y presente la demanda. Y, en el hipotético caso de que el juez le diera la razón, entonces seré yo el que me enorgulleceré de poder ir al infierno acompañado de esas “maravillas” que nos da la vida y que la religión le impide disfrutar a sujetos radiactivos como usted y su gorra. Desde que leí las declaraciones de Stephen Baldwin, o a algunos jueces que aceptan las demandas por “herir sentimientos religiosos”, cada día me reafirmo en que solamente el Conocimiento acabará con las organizaciones religiosas (que todas viven del cuento y de gente simplista como este Daubenmire)

¿A alguien se le ocurriría acudir al juzgado por sentirse herido en sus sentimientos conservadores, liberales, socialistas, comunistas, agnósticos, ateos, ecologistas, animalistas, vegetarianos o esotéricos? ¿Verdad que sería ridículo? Pues Dios y la Patria mantienen este absurdo privilegio.

No os perdáis lo de Stephen Baldwin y lo de Juzgar sentimientos religiosos.

Hace muchos años publiqué este interesante post para dotarnos de las herramientas que nos permitan conocer el mundo y sus fraudes:

En el mundo de las ciencias y las humanidades, el ser humano debe dotarse de unos criterios mínimos para discernir entre todos los hechos que nos conducen al Conocimiento. El Dr. Carl Sagan, en su libro El mundo y sus demonios (1995), nos dice: “El pensamiento escéptico es simplemente el medio de construir y comprender un argumento razonado que nos lleve a distinguir la certeza o falsedad de una conclusión que sacamos a través de una vía de razonamiento que parte de un hecho o premisa”. Y para ello nos presenta el maletín de herramientas para detectar camelos (fraudes), dividido en dos partes, las que nos dicen lo que debemos hacer y las que nos dicen lo que no debemos hacer. Empezaré por estas últimas.sagan_planets

 

Lo que no debemos hacer: (Tengamos claras las falacias de los siguientes tipos)

 

ad hominem: latín “contra el hombre”, atacar al que discute y no a su argumentación (p. ej.: el cura Martínez es un fundamentalista de la Biblia, por lo que sus objeciones a la evolución no deben tomarse en serio);

 

– argumento de autoridad (p. ej.: el presidente George W. Bush(*) debería ser reelegido porque tiene un plan secreto para terminar con el terrorismo… pero, como era secreto, el electorado no tenía ninguna manera de evaluar sus méritos; el argumento equivalía a confiar en él porque era presidente; craso error, como se vio);

 

– argumento de consecuencias adversas (p. ej.: el acusado en un juicio de asesinato con mucha publicidad recibió el veredicto de culpable; en otro caso, habría sido un incentivo para que otros hombres matasen a sus esposas);

 

– llamada a la ignorancia; la declaración de que todo lo que no ha sido demostrado debe ser cierto, y viceversa (es decir: no hay una prueba irresistible de que en Marte no haya vida, por lo tanto hay vida en Marte. O: puede haber setenta mil millones de otros mundos pero, como no se conoce ninguno que tenga el avance moral de la Tierra, seguimos siendo centrales en el universo). Esta impaciencia con la ambigüedad puede criticarse con la frase: la ausencia de prueba no es prueba de ausencia.

 

– un argumento “especial” para salvar proposiciones en problemas profundos (p. ej.: ¿cómo puede un Dios compasivo condenar al tormento a las generaciones futuras porque, contra sus órdenes, una mujer indujo a un hombre a comerse una manzana? Argumento especial: no entiendes la sutil doctrina del libre albedrío. O: ¿cómo puede haber un Padre, Hijo y Espíritu Santo igualmente divinos en la misma persona? Argumento especial: no entiendes el misterio de la Santísima Trinidad. O: ¿cómo podía permitir Dios que los seguidores del cristianismo, judaísmo e islam, obligados a su modo a medidas heroicas de amabilidad afectuosa y compasión, perpetraran tanta crueldad durante tanto tiempo? Argumento especial: otra vez, no entiendes el libre albedrío. Y en todo caso, los caminos de Dios son misteriosos);

 

– pedir la pregunta, llamada también asumir la respuesta (p. ej.: debemos instituir la pena de muerte para desalentar el crimen violento. Pero ¿se reduce la tasa de delitos violentos cuando se impone la pena de muerte?;

 

– selección de la observación, llamada también enumeración de aciertos y olvido de fallos (p. ej: un Estado se jacta de los presidentes que ha tenido, pero no dice nada de sus asesinos en serie)

 

– estadísticas de números pequeños, pariente cercano de la selección de observación (p. ej.: dicen que una de cada cinco personas es china. ¿Cómo es posible? Yo conozco cientos de personas y ninguna de ellas es china. O: hoy me ha picado la mano tres veces así que esta noche me toca la lotería);

 

dwight_d_eisenhower1959– incomprensión de la naturaleza de la estadística (p. ej.: el presidente Eisenhower expresó público asombro al descubrir que la mitad de los americanos tienen una inteligencia por debajo de la media);

 

– inconsistencia (p. ej.: considerar razonable que el universo siga existiendo siempre en el futuro, pero juzgar absurda la posibilidad de que tenga una duración infinita hacia el pasado. O: atribuir el descenso de la esperanza de vida en la antigua Unión Soviética a los defectos del comunismo hace muchos años; pero no atribuir nunca la más alta tasa de mortalidad infantil de los países industrializados que tiene hoy Estados Unidos a los defectos del capitalismo);

 

non sequitur: “no sigue”, en latín (p. ej.: nuestra nación prevalecerá porque Dios es grande). A menudo, los que caen en la falacia non sequitur es simplemente que no han reconocido posibilidades alternativas;

 

post hoc, ergo propter hoc: en latín, “después de esto, luego a consecuencia de esto” (p. ej.: cuando las mujeres no votaban no había armas nucleares);

 

– pregunta sin sentido (p. ej.: ¿qué ocurre cuando una fuerza irresistible choca contra un objeto inamovible? Pero si existe algo así como una fuerza irresistible no puede haber objetos inamovibles, y viceversa);

 

– exclusión del término medio o falsa dicotomía: considerar sólo los dos extremos de una serie de posibilidades intermedias (p. ej.: “sí, claro, ponte de su parte; mi marido es perfecto; yo siempre me equivoco”. O: “el que no quiere a su país lo odia”);

 

– confusión de correlación y causa (p. ej.: una encuesta muestra que hay más homosexuales entre los licenciados universitarios que entre los de menor educación; en consecuencia, la educación hace homosexual a la gente. O: los terremotos andinos están correlacionados con aproximaciones más cercanas del planeta Urano; en consecuencia lo segundo causa lo primero -¡a pesar de la ausencia de una relación así para un planeta más grande y más cercano como Júpiter!-);

 

– hombre de paja: caricaturizar una postura para facilitar el ataque (p. ej.: los defensores del medio ambiente se preocupan más de los caracoles y los búhos moteados que por las personas);

 

– prueba suprimida, o media verdad (p. ej.: aparece en televisión una “profecía” sorprendentemente precisa y ampliamente citada del ataque a las torres gemelas de Nueva York, pero –detalle importante- ¿fue grabada antes o después del hecho?);

 

– palabras equívocas (p. ej.: cuando los políticos dicen “vamos a pacificar un país” o “es una misión humanitaria” o “es la operación Libertad Duradera”; todo esto para no mencionar las palabras “invasión” o “guerra”. Ya lo dijo Talleyrand: “un arte importante de los políticos es encontrar nombres nuevos para instituciones que bajo sus nombres viejos se han hecho odiosas al pueblo”).platon

 

Ahora vayamos con las “herramientas” que sí debemos aplicar:

 

– Siempre que sea posible tiene que haber una confirmación independiente de los “hechos”.

 

– Alentar el debate sustancioso sobre la prueba por parte de defensores con conocimientos de todos los puntos de vista.

 

– En Ciencia no existe la “autoridad”, como máximo, hay expertos. Así que los argumentos de la “autoridad” tienen poco peso puesto que las autoridades se han equivocado en el pasado y pueden hacerlo en el futuro.

 

– Barajemos más de una hipótesis. Si hay algo que se debe explicar, piense en todas las diferentes maneras en que podría explicarse. Luego piense en pruebas mediante las que podría refutar sistemáticamente cada una de las alternativas. La que sobrevive y resiste esta selección darwiniana tiene muchas más posibilidades de ser la respuesta correcta mejor que si nos quedamos con la primera que se nos ocurrió.

 

– Intentemos no comprometernos en exceso con una hipótesis porque sea la nuestra. Se trata sólo de una estación en el camino de búsqueda del conocimiento. Preguntémonos por qué nos gusta la idea. Comparémosla con las alternativas. Veamos si podemos encontrar motivos para rechazarla. Si no, lo harán otros.

 

– Cuantifiquemos. Si lo que explicamos, sea lo que sea, tiene alguna medida, alguna cantidad numérica relacionada, seremos más capaces de comparar entre hipótesis en competencia. Lo que es difuso y cualitativo está abierto a muchas explicaciones.

 

– Si hay una cadena de argumentación, deben funcionar todos los eslabones de la cadena (incluyendo la premisa), no sólo la mayoría.

 

– La navaja de Occam. Esta conveniente regla empírica nos conduce, cuando nos enfrentamos a dos hipótesis que explican datos igualmente buenos, a elegir la más simple.

 

– Preguntémonos siempre si la hipótesis, al menos en principio, puede ser falsificada. Las proposiciones que no pueden comprobarse ni como verdaderas ni como falsas, no valen mucho. Por ejemplo, si consideramos que nuestro universo es una partícula dentro de un cosmos mucho más grande. Pero si nunca podemos adquirir información de fuera de nuestro universo, ¿cómo podemos refutar la idea? Si damos la oportunidad a que escépticos por naturaleza sigan nuestro razonamiento para duplicar nuestros experimentos podremos comprobar nuestros resultados.

 

La confianza en los experimentos cuidadosamente diseñados es clave. No aprenderemos mucho de la mera contemplación. Es tentador quedarse satisfecho con la primera explicación posible que se nos ocurre. Después de todo, una es mejor que ninguna. Pero ¿qué ocurre cuando inventamos varias?…

(*)Nota: Algún nombre ha sido cambiado para adaptarlo a los tiempos. Como George W. Bush (Nixon en el original) o el ataque a las torres gemelas.

Relacionados: Qué es investigar o Mente abierta, cerebro al suelo.

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