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Archive for 23/11/19

No podemos sorprendernos de lo que está pasando en Latinoamérica. La secta católica parió monstruitos y ahora se han convertido en verdaderos monstruos que están devorando todo a su paso.

En Bolivia, la golpista Áñez se presenta al país diciendo que la biblia ha llegado al poder para quedarse. Además de si fue golpe o no fue golpe, la crisis boliviana abre otro fuerte debate: el peso de las iglesias evangélicas en la política latinoamericana.

Las cifras hablan por sí solas. Hoy un quinto de la población latinoamericana es evangélica, un aumento notable desde la década del 70, cuando este grupo solo representaba un 4%. Pero la Iglesia Católica no solo sufre el “robo” de fieles, sino también la pérdida de influencia política en detrimento de las cada vez más poderosas iglesias evangélicas de la región, que en su mayoría son pentecostales o neopentecostales.

La irrupción del líder cívico Luis Fernando Camacho después de las elecciones en Bolivia con sus frases bíblicas y el posterior ingreso de Jeanine Áñez con la Biblia en la mano al Palacio de Gobierno mostraron por un lado la complejidad el entramado social y religioso boliviano. Sus apariciones encendieron alarmas en el progresismo regional, y muchos se apuraron en decir que son expresiones radicales sin representación electoral (el partido de Áñez sacó el 4% en las elecciones).

Pero un dato que pasó desapercibido fue que el 20 de octubre, el tercer candidato más votado después de Evo Morales y Carlos Mesa fue el pastor presbiteriano de origen coreano Chi Hyun Chung, que obtuvo el 9% de los votos. La influencia religiosa ya estaba ahí para quien quisiera verla.

El desempeño de Chung no debería sorprender si se lo pone en contexto regional. Desde hace varios años los evangélicos vienen mostrando su influencia política en la región, ya sea a través del apoyo a partidos tradicionales o de candidatos propios, como en el caso del pastor coreano.

Entre los varios factores que sirven para explicar su éxito, están la fuerte contención que dan en barrios pobres en áreas que van desde la salud hasta la educación; que a diferencia de la Iglesia Católica no tienen tantas restricciones para apoyar financieramente a proyectos políticos que defiendan sus valores; y que tienen una fuerte presencia en medios como radio y televisión. Cualquiera que haya hecho zapping en una noche de insomnio habrá visto el “pare de sufrir” de la Iglesia Universal del Reino de Dios (¡¡Lo que nos podría contar nuestro amigo Far Voyager!!)

Otro país donde tuvieron candidato propio fue Costa Rica. El año pasado, Carlos Alvarado llegó a la segunda vuelta con la promesa de oponerse a un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para legalizar el matrimonio gay. No fue una sorpresa para América Central. Tres años antes había ganado la presidencia de Guatemala Jimmy Morales, un actor que cursó estudios en un seminario bautista. Hoy enfrenta denuncias de corrupción y abuso sexual, tras haber hecho campaña en contra del matrimonio gay y del aborto.

En efecto, una de las características de las iglesias evangélicas es su afán por promover agendas muy conservadoras en materia social, que tienen fuerte arraigo en clases populares. Un conservadurismo que hoy contrasta con la visión más progresista de la Iglesia que tiene el papa Francisco.

El momento Bolsonaro.- El peso evangélico se vio muy claro en la campaña electoral más sorprendente de los últimos años en la región, la de Jair Bolsonaro, que se quedó con el poder en un país donde el 25% de la población profesa esa religión. “Bolsonaro no hubiera ganado sin el apoyo evangélico. Los llamados megapastores, como Silas Malafia, lo apoyaron explícitamente y también ayudaron a reunir la oposición al PT”, explica Brian Winter, editor de Americas Quarterly. (Fuente: Yahoo)

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