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Archive for 31/07/18

Y palos, a gusto, no duelen.
¿Cómo de grave tiene que ser el daño cerebral de una mujer para meterse a monja? (del daño cerebral masculino para convertirse en cura ya hemos debatido mucho en este blog). Y es que, en la secta católica (como en todas las religiones monoteístas), la mujer está considerada como un “ser inferior”, así lo dicen sus “libros sagrados”, y así lo llevan a la práctica los jerarcas actuales. ¿Conocen a alguna mujer que consagre, o que sea obispo?

¿Qué esperan las mujeres que toman los hábitos? Abusan de ellas, son violadas, son sometidas, y tienen que tragarse algo más que su orgullo. ¿Es que al leer la biblia no entienden lo que leen? Porque, si yo fuera mujer, sana mentalmente, jamás me sometería a la voluntad de los ensotanados tal y como considera ese horroroso libro a las mujeres. Podría ser cualquier cosa, pero nunca monja. Posiblemente haya mujeres con hábitos que no hayan sido abusadas sexualmente por los enfermos, reprimidos y delincuentes ensotanados (me viene a la memoria el “ángel del infierno”, la monja más famosa a la que, ni dios violaría (por lo fea); sin embargo, por lo que ahora se destapa, resulta que los apestosos curas no sólo se han dedicado históricamente a violar a hijos de creyentes, sino también a las pobres mujeres que han caído en las “garras del Señor”.

Ahora resulta que, animadas por el #MeToo, religiosas en todo el mundo relatan sus casos de abusos y acoso sexual (a ver cuándo se sublevan y dejan la secta católica para incorporarse al mundo real y normal, a disfrutar de la vida, esa que nos da justo lo que la religión nos quita).

CIUDAD DEL VATICANO.- Una monja ya no se confiesa tan seguido como antes, luego de que un sacerdote italiano se aprovechó de ella cuando se encontraba en su momento más vulnerable y le contaba sus pecados en un salón de clases de la universidad, hace casi 20 años. En ese tiempo, la monja sólo le contó lo sucedido a su superior y a su director espiritual y fue silenciada por la cultura de secreto de la Iglesia Católica, por sus votos de obediencia y por su propio miedo, repulsión y vergüenza. “Abrió una gran herida en mi interior”, contó. “Fingí que no había sucedido”.

Luego de décadas de silencio, la monja es una de las muchas religiosas que hicieron público un asunto que la Iglesia no ha aceptado: el abuso sexual de monjas por parte de sacerdotes y obispos.

Una investigación de la agencia AP encontró que han surgido casos en Europa, África, América del Sur y Asia, lo que demuestra que el problema es global y extenso, debido en gran parte a una tradición en la que las mujeres son vistas como personas de segunda clase en la Iglesia y a su arraigada subordinación a los hombres que las dirigen.

Las monjas hicieron públicos sus casos en parte debido a los años de inacción por parte de los jerarcas eclesiásticos, incluso cuando estudios importantes sobre el problema en África fueron informados al Vaticano en la década de 1990.

El tema cobró prominencia en el marco de escándalos en torno al abuso sexual de menores y más recientemente de adultos, incluidas revelaciones de que uno de los cardenales más destacados de Estados Unidos, Theodore McCarrick, abusaba sexualmente y hostigaba a seminaristas. Por las denuncias, el arzobispo emérito de Washington renunció ayer como miembro del colegio cardenalicio y fue recluido por el Papa. La magnitud de los abusos no está clara, al menos fuera del Vaticano. Las víctimas son reacias a denunciar el abuso por temores fundados de que no les van a creer, según varios expertos. Los jefes de la Iglesia son renuentes a reconocer que algunos sacerdotes y obispos simplemente ignoran sus votos de celibato, sabiendo que sus secretos no serán revelados.

Sin embargo, esta semana por lo menos seis monjas en una pequeña congregación religiosa de Chile hicieron públicas sus historias, de abuso por parte de los sacerdotes y de otras monjas, en la televisión. Relataron que sus superiores no hicieron nada para detenerlos. Yolanda Tondreaux dijo que sufrió abusos apenas tomó los hábitos. “Un sacerdote se me acercó, me tocó el pecho y me dio besos en la cara, llegando hasta los labios”, contó. “Me manoseó. Me dio asco”, agregó. De inmediato acudió ante la madre superiora, Patricia Ibarra, y denunció lo ocurrido, pero ella, lejos de ayudarla, la trató de “mentirosa” y le ordenó confesarse con el mismo cura.

Una monja en la India recientemente interpuso una demanda en la policía en la que acusó a un obispo de violación, algo que hasta hace un año era impensable en ese país.

En África surgen casos periódicamente. En 2013, por ejemplo, un renombrado cura ugandés escribió una carta a sus superiores en la que habló de “sacerdotes que tienen relaciones románticas con monjas” y fue suspendido hasta que ofreció una disculpa en mayo pasado. “Me entristece que haya tomado tanto tiempo el que esto salga a la luz, porque hay denuncias desde hace tiempo”, expresó Karlijn Demasure, uno de los principales expertos de la Iglesia en abusos sexuales y de poder. “Espero que ahora se tomen medidas para atender a las víctimas y se ponga fin a estos abusos”.

El Vaticano declinó comentar qué medidas tomó, si es que tomó alguna, para abordar el alcance del problema a nivel internacional, y de lo que hizo para castigar a los infractores y cuidar a las víctimas. Un funcionario del Vaticano dijo que los dirigentes de las iglesias locales son los responsables de castigar a los sacerdotes que abusen sexualmente de las monjas, pero que a menudo esos crímenes quedan impunes en las cortes civiles y canónicas. El funcionario habló bajo la condición de anonimato debido a que no estaba autorizado a hablar del asunto públicamente.

Y para finalizar, un poquito de demagogia de Siesp: Si las monjas no estuvieran casadas con dios sino con un buen hombre, éste podría defenderlas “a hostias” ante tanto maníaco sexual ensotanado, en vez de recibir la comunión de manos de quien te ha violado.

Dan asco: El convento de los horrores, Curas violadores de México, Una monja criminal, ¿Puedes ser mujer creyente?, Corrupción en el Vaticano, La Iglesia podrida y Curas pederastas III.

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