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Archive for 9 marzo 2017

…Y un juez canadiense “se va de rositas”(1) en esta horrible noticia:

Dejan morir de hambre a su hijo diabético “porque Dios así lo quería”

Condenados por asesinato en primer grado. Esa es la losa que van a llevar de por vida los padres de Alexandru Radita, un joven de 15 años que falleció muerto de hambre porque sus progenitores prefirieron “aceptar la voluntad de dios” y rezar antes que llamar a los médicos.

Según The Independent, Alexandru tuvo su primera crisis de salud a los 3 años de edad, en diciembre del año 2000. Sus padres le llevaron en estado grave a las urgencias de un hospital de la Columbia Británica (Canadá). Estaba con fiebre, sediento y muy débil. Los doctores determinaron que era diabético de nacimiento.

Como manda el protocolo, los galenos explicaron a los padres cómo debían actuar a partir de ahora. Cómo debían de controlar el azúcar, medir su cantidad en sangre y cómo debían suministrar la insulina que le permitiría seguir con vida.

Pero al contrario de lo que suele pasar con otros progenitores con niños enfermos, los Radita parecían no prestar atención. Es más, la madre dijo que todo eran patrañas y que su hijo no estaba enfermo. Daba igual lo que dijeran los resultados del laboratorio.

12 años después de este episodio, Alexandru moría en casa. Solo pesaba 16 kilos. Menos que un perro de tamaño medio. Los operarios que recogieron el cadáver aseguraron en el juicio que no habían visto una cosa igual. Su cara no tenía carne y se podían ver perfectamente todos los huesos de su cuerpo. Parecía una momia. Pero solo llevaba muerto unas horas. La autopsia fue muy clara: había muerto de una infección generalizada y de hambre.

La muerte del joven se produjo en abril de 2013 y rápidamente las autoridades empezaron a investigar a sus padres. Y lo que descubrieron escapa a toda lógica y dispara el horror.

Sus padres decidieron no apuntarle a ningún colegio. Se escolarizó en casa -una práctica legal en Estados Unidos y Canadá- y a pesar de ser diabético, jamás vio a un médico. Emil Radita, el padre, un inmigrante de origen rumano, creía que Dios le iba a curar. Y no se fiaba de los médicos canadienses a los que acusaba de intentar romper a su familia.

Tanto Emil como su mujer Rodica creían de manera fervorosa en Dios. Ninguno de los dos pertenecía a una secta: los dos eran católicos apostólicos romanos, como muchos de sus conciudadanos rumanos. Pero creían que si los médicos volvían a ver a Alexandru se lo iban a llevar para siempre. A él o a otro de sus otros siete hijos.

Lo creían porque en 2004 Alex volvió a tener una crisis hipoglucémica y le llevaron al hospital. Pero esta vez los médicos no le dejaron marcharse. Vieron que sus padres no le estaban cuidando bien y llamaron a los servicios sociales. Tras analizar su caso, los funcionarios canadienses dictaminaron que el niño debía alejarse de su familia biológica y ser adoptado.

Así, Alex fue adoptado por una pareja que le trató en condiciones. Solo le daban la comida que podía tomar, le llevaban al médico y le apuntaron a un colegio para que pudiera socializarse. Sin embargo, un juez dictaminó a finales de 2004 que Alex debía volver con sus padres biológicos.

En la sentencia se especifica que los Radita se comprometían a cuidar de Alex y a llevarle al médico. Mentira. Los trabajadores sociales recurrieron la orden, pero su petición no prosperó: Alex volvió a su casa… de la que no volvió a salir con vida. El último movimiento de los Radita fue una mudanza a Calgary, también en Canadá, en 2009.

En el juicio por la muerte de Alex, sus pares mostraron decenas de facturas de medicamentos contra la diabetes para intentar demostrar que habían tratado de cuidar a su hijo. Pero esta teoría choca con la realidad: su hijo murió de hambre con 15 años. Además, se supo que en las últimas horas de vida sus padres se negaron a llamar a una ambulancia y se pusieron a rezar, esperando un milagro que nunca llegó. Lo único que han recibido por sus plegarias es una sentencia que los condena a 25 años de cárcel.
(1) En España, “irse de rositas” es provocar un desastre y no ser enjuiciado por ello.

No se pierdan: Seres “unineuronales”, ¡Qué asco de Biblia!, Ateísmo ES Moralidad, La miseria del veganismo y Susan Sarandon.

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Soy un amante de la Astronomía y, por lo tanto, de la exploración espacial. Y en más de una ocasión he tenido que responder a comentarios de gente que no entiende cómo funciona el mundo, de gente que cree que internet es la ocurrencia espontánea de un iluminado o que las operaciones que eliminan la miopía se han hecho siempre. Y digo esto porque Javier Peláez también se ha visto abocado a entrar en el debate que originó en twitter la “clásica” pregunta que suele plantear algún discapacitado intelectual: ¿Por qué gastamos dinero buscando agua en Marte mientras que en África apenas tienen para beber?… He visto muchas veces esa absurda pregunta y mi contestación fue la siguiente: ¿Sabes que la gran mayoría de los filtros que se utilizan para depurar el agua en África se basan en los desarrollos espaciales de la NASA? La respuesta que le ofrecí debió dejarle bastante confuso porque no volvió a responder.

A pesar de vivir constantemente rodeados de tecnología espacial que ha mejorado la vida de miles de millones de personas, aún queda gente que considera que la exploración espacial es una pérdida de tiempo y de dinero. Resulta paradójico que los mismos comentaristas que una y otra vez cuestionan la utilidad de la exploración espacial son incapaces de pasar un solo día sin utilizar alguno de los inventos y desarrollos procedentes de ella sin saberlo.

Avances en aeronáutica, en comunicaciones, en componentes electrónicos, en salud, medicina o biotecnología, tecnología en instrumentación, en nuevos materiales, en óptica, en sensores… Las agencias espaciales, y especialmente NASA, nos han ofrecido durante las últimas décadas cientos y cientos de mejoras que utilizamos en nuestra vida diaria. Cuando nos subimos a un coche, cuando encendemos nuestros móviles, cuando nos ingresan en un hospital.mejoras-de-la-tecnologia-espacial

Poca gente sabe que la agencia estadounidense tiene un programa de transferencia de tecnología [NASA Tecnology transfer program] dedicado exclusivamente a recoger todo el conocimiento adquirido durante el desarrollo de misiones espaciales y aplicarlo aquí abajo, a nuestro día a día. Cuando alguien dice que ir al espacio no sirve de nada “aquí abajo” está ignorando las miles de mejoras que disfruta gracias al conocimiento de “allí arriba”.

Hace tan solo unas semanas, y como cada año, NASA publicaba el informe correspondiente de tecnologías espaciales que se han desarrollado en los últimos doce meses (no se lo pierdan y pinchen aquí) Más de 170 nuevos desarrollos aplicables a campos como la medicina, transporte, comunicaciones…

Pero hay algo aún más desconocido de todas estas aplicaciones e inventos desarrollados con tecnología espacial y es que gran parte de esta tecnología se ofrece bajo dominio público y libre de patentes. Es conocimiento y desarrollo de avances libres y a disposición de todo el mundo.

Hace unos días el blog salmón, un medio de comunicación especializado en finanzas, publicaba un acertado artículo titulado “Marte o el por qué el planeta rojo es fundamental para la economía”. El texto representaba la enésima intentona de hacer comprender que la investigación y el desarrollo de misiones espaciales han traído bienestar y crecimiento económico global a nuestro planeta. ¿Alguien realmente cree que si retiramos los cada vez más escasos presupuestos espaciales nuestro planeta iba a ir mejor?

Pero vayamos más allá: La exploración espacial habla de lo que somos como especie. Unos seres curiosos y deseosos de afrontar los desafíos más imponentes que existan. En la historia de la humanidad los viajes de descubrimiento han expandido nuestra cultura y han reducido nuestra ignorancia y, sí, para los más preocupados por la economía, también han abierto nuevas vías de comercio y riqueza.

Por eso no hay que olvidar que el destino no es lo más importante. Poner un pie en Marte o en satélite de Júpiter no es lo esencial, lo fundamental es cómo llegamos allí. No queremos ir a Marte solamente para pisarlo, al igual que no fuimos a la Luna para poner una bandera. El destino final es simplemente la culminación de cientos y cientos de problemas que debemos solucionar. ¿Cómo proporcionar oxígeno durante meses a una tripulación?, ¿cómo desarrollar nuevas formas de propulsión para llegar hasta allí?, ¿cómo inventar tecnologías que protejan de radiaciones?, ¿cómo fabricar comida para un trayecto tan largo?…astronauta-en-la-iss

Antes de dejar una bonita e histórica huella en algún remoto planeta debemos inventar, estudiar, analizar y resolver mil problemas que aún no tienen solución. De eso trata la exploración espacial, no de pisar Marte. Trata de cómo el ingenio humano se enfrenta a los retos y problemas que plantea viajar de A hasta B.

Para lanzar una sonda que viaje durante años y consiga colocarse en órbita perfecta alrededor de un asteroide a millones de kilómetros de la Tierra hay que desarrollar tecnologías increíbles, sensores, motores, software… Cientos de ingenieros e investigadores que se enfrentan a los desafíos espaciales más imposibles y que luego terminan convirtiéndose en el GPS de tu coche, en un whatsapp en tu móvil, en la óptica de tus gafas, en paneles solares que proporcionan energía barata y limpia o en los filtros que depuran agua en una aislada aldea de África.

Relacionados: Agujeros negros ¿existen? Un Universo sin Dios, LHC y agujero negro, Stephen Hawking niega la existencia de Dios, Cómo es nuestro universo, Vida extraterrestre, Inteligencia extraterrestre, Historias del Big Bang, Misterios del Universo y La edad de la Tierra.

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