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Archive for 28/07/15

Daniel Dennet, catedrático de filosofía y director del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (EE UU), es uno de los filósofos de la ciencia más destacados en el ámbito de las ciencias cognitivas. En esta entrevista con Sinc, desgrana sus ideas sobre la conciencia, la intencionalidad, la religión y la moral.Daniel Dennett encajar bien las críticas

La ciencia y la filosofía aún se preguntan si los seres humanos tenemos libre albedrío. Usted mismo lleva años pensando sobre ello.
Durante miles de años mucha gente ha pensado que el libre albedrío depende del determinismo, como si se tratara de una flojera de la física. Opino que es un error, porque no importa si el determinismo o el indeterminismo son ciertos. En realidad lo que queremos es tomar decisiones causadas por nuestras razones, basadas en lo que hemos aprendido. Lo último que queremos es que la naturaleza juegue a los dados o a la ruleta rusa mientras nosotros actuamos. Si hago algo quiero que esté causado por mi intención, se deba a mi deliberación y que a su vez esté causada por las pruebas fácticas que haya recolectado. No quiero que la aleatoriedad intervenga en este proceso.

¿Y cuándo debemos dejar de pensar?
A veces simplemente hay que dejar de pensar y actuar. Yo no quiero ser como Hamlet que piensa todo el rato. Una decisión es como lanzar una moneda: tengo que dejar de reflexionar y actuar. Hay momentos en los que todos corremos riesgos, hablamos de boquilla y esperamos estar en lo certero. Esta es la única aleatoriedad que necesitamos en nuestro comportamiento, y no se trata de una ausencia de determinismo sino de dejar al cerebro que decida por ti cuando no tienes un motivo concreto. Todas mis decisiones son producto de mi cerebro, todo es biología porque todo pasa en mi mente.

¿Cómo encaja la competencia moral en todo esto?
Si mi cerebro funciona bien entonces soy moralmente competente, y aquí es donde se encuentra el libre albedrío. Tomaré buenas decisiones sin obsesiones, fobias o cualquier otra cosa que me inhabilite. Hay muchas maneras en que mi cerebro es menos aceptable como sistema de control, si alguna de ellas me afecta no tendré libre albedrío.

Usted ha hablado mucho sobre religión. ¿Cómo influyen las creencias en la competencia moral?
No tienen nada que ver. La competencia moral es un ideal, algo así como las buenas prácticas. Mucha gente llega a ellas a través de la religión, que solo es una contingencia. Después de todo, la moral actual es bastante diferente de la moral del Antiguo Testamento, nadie quiere vivir como hace miles de años. Encontramos ofensiva la esclavitud, por ejemplo. La religión no es el motor de la moral sino el freno que ha ralentizado su desarrollo. Aunque se actualiza poco a poco, casi hemos convencido a los católicos de que no hay ningún problema con la homosexualidad. Ellos no nos guían, nos siguen. Y esto pasa con todas las religiones.

¿Es optimista respecto al futuro?
Lo soy. El mundo es mucho mejor y un sitio más moral en este siglo que a principios del siglo XX. Creo que progresamos. Pienso que el mundo es más seguro y menos violento, aunque todavía podemos hacer mucho daño. (La entrevista completa aquí).

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