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Archive for 22/12/11

Chacal el asesino

Nuevamente echo mano de Alfred López y su magnífico blog Cuaderno de Historias para amplificar su relato sobre el famoso terrorista “Carlos, el chacal”. Particularmente, pienso que los terroristas se enorgullecen de serlo, y encuentran en esa palabra una especie de leit motiv que no estoy dispuesto a seguir. Yo no llamo a los descerebrados de ETA terroristas, ni a los descerebrados yihadistas tampoco. Los llamo ¡asesinos! ¿Qué son si no?

Hace 36 años, un comando terrorista se introdujo en la oficina principal de la Organización de Países Exportadores de Petróleo en Viena (Austria), donde retuvo a los máximos representantes del crudo. El cabecilla de esta banda armada era un joven venezolano conocido mundialmente como Carlos “El Chacal”. Mientras estudiaba en Cuba, contactó con miembros de la KGB, los cuales le adiestraron y prepararon para ser un perfecto agente en la lucha contra el imperialismo norteamericano.

Tras un breve tiempo en Moscú, se trasladó hasta Palestina, donde conocería a destacados miembros del FPLP, y rápidamente lo introdujeron en el ala más radical y activista de esa facción palestina. A pesar de ser de origen hispano, Ilich supo integrarse perfectamente entre los componentes del grupo, levantando bastantes suspicacias y celos a raíz de su perfecta preparación física y atractivo, hechos que le abrieron muchas puertas dentro de la organización.

Perpetró varios atentados e incluso llegó a dirigir una célula terrorista en París, ciudad donde tuvo que matar a dos policías y al hombre de contacto del FPLP en la capital francesa, el cual lo había delatado a las autoridades. Por este crimen actualmente está cumpliendo cadena perpetua en una prisión parisina.

Pero sin lugar a dudas, el golpe terrorista más impactante que asestó fue el ataque a la oficina principal de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) el 21 de diciembre de 1975.

Acababa de crear su propia banda terrorista, la cual había bautizado como “Brazo de la Revolución árabe”. Su nombre de guerra era Carlos, con el que sería conocido mundialmente junto al sobrenombre de “El Chacal”, este último en relación al título de la novela ‘El día del Chacal’, de Frederick Forsyth, y que era el libro que le encontraron entre sus pertenencias en una redada.

Ese día se puso al frente de una acción terrorista que atacó de lleno a la cúpula de los Ministros del Petróleo que habían asistido a una reunión en la ciudad de Viena. Durante el ataque, asesinaron a tres personas y tomaron como rehenes a medio centenar que se encontraban en las dependencias, entre ellos 11 representantes de la OPEP.

Carlos, tras dividir en dos grupos a los representantes de los países petroleros en “afines” y “no afines” a la causa palestina, exigió la retransmisión radiofónica de un mensaje anti israelita, y pidió como medio de transporte para salir de allí un autobús con cortinas en las ventanas que debía trasladarlos junto a los rehenes hasta el aeropuerto. Allí debía estar esperando un avión a reacción con el depósito lleno de carburante. La idea era que cada uno de los rehenes no afines firmasen un documento de adhesión a la causa palestina; tras hacerlo, los irían dejando a cada uno en su respectivo país. Después de un tira y afloja con las autoridades austriacas, estos cedieron a las peticiones de “El Chacal” y pusieron a su disposición todo lo solicitado por él. Durante el vuelo, Carlos cambió de opinión, mandó dirigir el avión hasta Argelia y allí liberó a todos sus rehenes.

La fama de “El Chacal” cada vez se fue haciendo más grande, considerándolo como uno de los terroristas más buscados por la policía y los servicios secretos de medio mundo. Hasta que en 1994 dieron con él en la República de Sudán, y en la madrugada del 15 de agosto fue apresado por un comando enviado hasta Jartum por el gobierno francés y llevado clandestinamente hasta Francia, donde fue juzgado y condenado a cadena perpetua por el atentado cometido en los 70, que acabó con la vida de dos policías y un civil. Recientemente, ha vuelto a ser juzgado por otros actos terroristas cometidos durante la década de los ochenta, y se le ha vuelto a condenar a otra pena de cadena perpetua.
N. del B.: ¡Que se pudra en paz! (O mejor, que se muera, a la par que los asesinos de ETA).

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