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Archive for 5/04/11

Nuestro amigo Anaxícrates me manda una reflexión sobre el análisis de la pequeña direrencia entre ateos y agnósticos. Parte de una definición previa de ambos y razona una “teoría del todo”, según la cual están ligados en la práctica. Que la disfrutéis:

“””(…) Podemos decir que la diferencia fundamental está en que el ateo niega la existencia de dios y el agnóstico declara su incapacidad para pronunciarse sobre ella. En la práctica no existen grandes diferencias: existen ateos y agnósticos combativos a todo aquello que tenga que ver con la teología y existen ateos y agnósticos más pasivos, que apuestan más un lento cambio cultural basado en la educación y en las ciencias, pero todos desprecian la charlatanería religiosa.

Creo que una de las confusiones que se genera entre ateo y agnóstico es que ambas posturas plantean conclusiones sobre objetos diferentes. En otras palabras ¿A qué dios nos referimos cuando se declara su inexistencia o la incapacidad de conocer sobre estas cuestiones? Si aclaramos este punto, pienso que gran parte de la diferencia entre los dos desaparece.

Cuando un ateo declara la inexistencia de dios se está refiriendo a ese dios perfectamente cognoscible, que está perfectamente estudiado por la antropología y la historia. Se sabe su origen: la necesidad de explicar fenómenos naturales moldeados por el desconocimiento y el miedo. Se sabe su necesidad posterior: unir y disciplinar a los primeros grupos humanos en torno a nuevas prácticas económicas (de aquí que los antiguos templos eran también los guardianes y distribuidores de la riqueza). De esta necesidad fueron surgiendo normas morales y es en este punto donde la religión tiene el último bastión.

Incapacitada ya para explicar los fenómenos naturales, la religión pregona que las normas morales surgen por una intervención divina. Argumento perfectamente rebatible cuando a la par del Eclesiastés bíblico, o tal vez superándolo, nos encontramos con grandes moralistas ateos como Epicuro. El estudio de la evolución humana nos acerca cada vez al hecho de que la moralidad fue “inventada” como un hecho social de ventajas adaptativas y que ningún dios está presente. El último bastión de la justificación de dios se va cayendo poco a poco y sobre este dios no hay diferencias entre ateos y agnósticos: ambos coincidirán que no existe.

El problema de la diferencia se plantea en términos más filosóficos, que por ser profundo, la religión se encarga de oscurecer para salir bien parada. Cuando un ateo y un agnóstico se plantean el origen del universo es cuando surge esta: ambos coincidirán en un universo con una cierta regularidad que alguna se originó en el Big Bang, pero surgirán dos preguntas básicas ¿Qué había antes? ¿Quién estableció estas leyes de regularidad? Durante milenios la religión respondió a esta pregunta con dios y como ateos y agnósticos son personas que viven en sociedades religiosas, discuten, paradójicamente, en términos religiosos. Para el ateo hay suficientes pruebas como para negar todo ente creador y para el agnóstico la pregunta es imposible de contestar. Para el ateo un “antes del Universo había un dios” es un paso innecesario, para el agnóstico es una probabilidad irresoluble. Pero esta probabilidad irresoluble abre las puertas a otra probabilidad que algunos agnósticos están dispuestos a aceptar: la probabilidad que en algún lugar de todas las causas naturales esté actuando un ente superior a éstas y que lo haga de un modo también incognoscible para la humanidad, que a su vez lleva a la probabilidad que alguna vez se haga cognoscible.

Como se verá hay una diferencia de posturas, pero esta brecha es suficientemente pequeña como para que ningún conocimiento “teológico” se pueda meter en ella y menos con las burdas y amañadas argumentaciones de los pastores dominicales”””.

Relacionados: Misterios de la religión, La vía hacia el ateísmo, ¿Desaparecerá la Iglesia Católica?, Ateísmo vs. religión y Legionarios de Cristo.

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