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Archive for 22/09/10

“El uso de químicos está extendido en muchos frentes, creo que el más importante cuantitativamente es el ligado a la agricultura. Hay que destacar el desarrollo de plantas transgénicas (soja, maíz…) resistentes a un veneno poderoso, el glifosato (Roundup). El gran negocio consiste en fumigar con él y matar al resto de las plantas que no son resistentes. Negocio sucio que envenena nuestro medio, acaba con la biodiversidad y nos llevará a la muerte”. (Carmen Mascaró, entrevistada AQUÍ)

“”Si se ha tardado tanto tiempo en llegar a plantear el respeto a la vida humana, y en muchos lugares no existe, no es de extrañar que la consideración de los derechos animales empiece a surgir tarde en nuestra sociedad, y que no sean estos derechos aceptados mayoritariamente.

 

Millones de niños trabajan en condiciones de casi esclavitud. En esa infancia perdida hacen juguetes, balones, zapatillas, etc., para el mundo rico; escarban la tierra, se esfuerzan en la oscuridad de las minas, muchos simplemente pasan los días revolviendo en los basureros para encontrar algo que comer o vender. Viven situaciones trágicas que sólo importan realmente a un pequeño porcentaje del resto de los humanos.

 

Los africanos que llegan a las costas españolas cada año se cuentan por miles, los que no llegan se ahogan por el camino, incluso a veces a pocos metros de la orilla. Sus cadáveres vagan por los mares o van a parar al arcón de David Jones con muchos otros, dando testimonio de unos sistemas políticos globales que ha fracasado, pues mantienen a gran parte de la humanidad en la indigencia.

 

Convivimos con estas y otras terribles realidades, y torcemos el gesto cuando los medios de comunicación las abordan tímidamente. No nos puede indignar por ellos que los animales vayan hacinados al matadero, o que vivan en granjas que recuerdan a los campos de exterminio. Si estamos tan deshumanizados ¿cómo no vamos a estar también “desanimalizados”? Parece que somos inmunes al sufrimiento ajeno, a aquel que creemos no nos llegará jamás, al de los pobres, los humillados, los esclavos, y al de los animales, pues creemos que unos y otros están en este mundo sólo para servirnos, para que los utilicemos.

 

Hay quienes claman por los derechos a una vida animal digna y a una muerte sin sufrimiento ni crueldad. Tienen razón. Tristemente, ni siquiera el ser humano tiene en muchos lugares una vida digna desde que nace hasta su hora final.

 

Es difícil de creer, pero las primeras sociedades protectoras de animales no surgieron en Europa hasta principios del siglo XIX. Ya habían existido algunos precedentes de personas como Rousseau (1762) que abogaban por tratos más justos. Fue Claude Bourgelat el fundador, hacia 1761, de la primera escuela de Veterinaria, focalizada como es lógico en animales de interés ganadero y de compañía. En este sentido, y a partir de finales del siglo XVIII, se comienza a prestar gran atención a la salud animal, pero con este enfoque; atiende sólo a aquellos animales que nos son de utilidad. Y ello a pesar de la sensibilidad de muchas personas respecto al mundo animal y vegetal. Tendrá que pasar aún mucho tiempo hasta que se comience a pensar de forma generalizada que cualquier animal juega un papel crucial en el biotopo donde está, y que el equilibrio medioambiental depende de todos y cada uno de los seres vivos que interaccionan en la naturaleza.

Todo es cuestión de cultura, nada más, y de su vinculación con el poder político; se puede tener una magnífica cultura general y alardear de ella, pero no tener ni la más mínima idea de biología. Y eso es malo, muy malo. Y lo es porque en estos momentos saber algo de biología es importante para tener una opinión cualificada de muchos temas. No se puede hablar de cambio climático sin saber cuál es su importancia biológica y sus causas; tampoco de células madre, ni de contaminación ambiental, ni de la pesca de arrastre, ni de maltrato, ni de toxicidad, ni de tendencias sexuales, ni del SIDA, ni del cáncer, ni del autismo, ni de proyectos hidráulicos… ni prácticamente de nada. Y no digo que hay que ser genios, no, sólo tener una base, unos conceptos claros que son necesarios para hablar con propiedad, para legislar, normalizar, formular y actuar. Y esos conceptos fundamentales los han tenido muchas personas en sus libretas de la enseñanza básica y de la media pero los han olvidado alegremente, bien porque su memoria es frágil o porque no les interesa recordarlos. Y es una pena. Y es una pena que no les dé por hacer un repasillo a qué es la vida y cómo funciona; no hay nada más importante que aprender. Y de ese conocimiento de la vida nace el respeto, el profundo respeto a casi todos los seres vivos, incluido el hombre y excluidos sólo los vectores de enfermedades contra los que hay que luchar. Y merecen respeto las hormigas, pues pueden tanto dar vida a la tierra como quitársela si se las cambia de sitio, y el que no lo sepa que revise lo que está sucediendo en Australia con las hormigas de fuego y las hormigas locas. Y merecen respeto los pájaros, pues muchos se alimentan de insectos limitando poblaciones, otros son esenciales para dispersar semilla, otros polinizan y un amplio etcétera. Cualquier animal por insignificante que sea ocupa su lugar, forma parte de una cadena trófica y es esencial para que la vida siga funcionando en lugar en el que vive. Y esto, tan sencillo, muchas personas lo desconocen. Piensan erróneamente, y por incultura, que el hombre puede subsistir en la faz de la tierra él solito, acompañado a lo más por vacas, cerdos, espinacas, lechugas y demás cosas que se venden en el mercado de abastos””
Del libro La extinción de los anfibios en el siglo XXI, de Carmen Mascaró Lazcano, doctora en Biologia y catedrática de Parasitología en la Universidad de Granada.

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