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Archive for 9/02/10

Un reactor de fusión proporcionaría entre cinco y diez veces más energía que un reactor de fisión. Medio kilo de hidrógeno en fusión produciría 35 millones de kilovatios hora. Por añadidura, la fusión no desprende cenizas radiactivas. Finalmente, una reacción por fusión sólo se interrumpirá en el caso de cualquier avería concebible mientras que la reacción por fisión se sustrae a todo control (aunque esto no sea lo corriente) y provoca la explosión total.

El hidrógeno 1 es el más corriente entre los tres isótopos del hidrógeno, pero también el que resiste más a la fusión. Es también el combustible privado del Sol; ahora bien, el Sol lo posee por billones de kilómetros cúbicos y, además, tiene un inmenso campo gravitatorio para mantenerlo unido así como una temperatura central de muchos millones de grados. Sólo un ínfimo porcentaje del hidrógeno existente dentro del Sol se funde en un momento dado, pero, teniendo presente su formidable masa, ese minúsculo porcentaje es suficiente. El hidrógeno 3 (tritio) se presta mucho mejor a la fusión pero es tan escaso y requiere tal consumo de energía que no vale la pena pensar en él como combustible práctico por sí solo. Así, pues, nos queda solamente el hidrógeno 2 (deuterio), más manejable que el hidrógeno 1 y mucho más abundante que el hidrógeno 3. En todo el hidrógeno del mundo únicamente un átomo de cada 6.000 es deuterio, pero eso basta y sobra. El océano contiene deuterio, 35 billones de toneladas nada menos, lo suficiente para proveer al hombre con grandes cantidades de energía durante todo el futuro previsible.

Pero la temperatura que debe alcanzar el gas debe ser enorme, y no existe un recipiente que pueda contenerlo sin vaporizarse, así que las potentes corrientes eléctricas, las ondas supersónicas, los rayos láser y todo el resto pueden producir temperaturas que alcanzan en un instante 100 millones de grados, pero necesitamos aprovecharnos del plasma formado por núcleos desprovistos de electrones para, aprovechando su carga, diseñar una “máquina” que pueda utilizar las propiedades magnéticas para mantenerlo “en cintura”.

De momento, se ha dado un gran paso con el trabajo de dos equipos de investigadores: Siegfried Glenzer y sus compañeros de la Instalación Nacional de Ignición en Livermore (California, EE UU) han demostrado que su laboratorio, que incluye un sistema de láser gigantesco del tamaño de tres campos de fútbol, reúne las condiciones necesarias para la ignición de la fusión.

Los investigadores apuntaron 192 haces intensos de láser hacia una pequeña cápsula con el tamaño requerido para almacenar una mezcla de deuterio y tritio que, tras la implosión, puede desencadenar plasmas de fusión termonuclear y un flujo de energía utilizable, según consideran los expertos.

El equipo de Glenzer logró calentar esa cápsula hasta los 3,3 millones de grados Kelvin y con ello allanaron el camino para el siguiente gran paso: la ignición e implosión de una cápsula rellena de combustible.

En otro estudio, liderado por el científico Chikang Li del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y otros compañeros, muestran cómo ciertas partículas cargadas pueden utilizarse para caracterizar y medir las condiciones existentes dentro de las cápsulas súper calentadas para la implosión.

Estos nuevos datos no sólo demuestran la viabilidad de un proceso de fusión controlable en laboratorio, sino que también suponen un registro de las altas temperaturas y energías que intervienen en él. Esta información podría utilizarse para explicar alguno de los procesos astrofísicos y de energía extrema que se producen en el universo.

Relacionados: Reconexión magnética, LHC y agujero negro, Misterios del Universo (I) y Misterios del Universo (II).

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