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Archive for 15/01/10

Son demasiadas las personas en este mundo que mezclan ideas científicas con dogmas religiosos, los comparan y, en caso de contradicción, se quedan con la creencia porque, después de todo, “esa es la palabra de dios” ¿no?

Pues NO. Si algo me ha enseñado esta vida es que la Ciencia es universal, y las creencias son locales. Las manzanas caen del árbol de igual manera y a la misma velocidad en España que en Irán. La velocidad de la luz en el agua es la misma en Perú que en India. El teorema de Pitágoras se cumple igual en Japón que en México. Sin embargo, las creencias varían según nos fijemos en un país o en otro; incluso se pueden apreciar diferencias dentro de cada país.

Toda religión que se precie adopta unos textos a los que denomina “sagrados”. Cualquier cosa, cualquier acción o descubrimiento posterior habrá de ser contemplado con arreglo a los “principios” de esos textos. No importa lo fundamental o trascendental que la innovación pueda suponer para el ser humano; si no podemos incluirlo en la “comprensión religiosa”, aquella será demonizada por los profesionales de la religión.

Hasta tal grado de paroxismo pueden llegar las creencias, que un extremista conservador nombrado obispo de San Sebastián, un tal Munilla, llega a afirmar que las ayudas a los pobres afectados por el terremoto de Haití deberían aplicarse primero a solucionar la pobreza de espíritu en nuestra sociedad. ¿Y lo que dijo alguien en una montaña sobre “bienaventurados los pobres de espíritu”? Este tipejo no ha aprendido del desastre que supuso el reinado de Felipe II en el imperio más grande de la Historia. El rey que se preocupó obcecadamente en “salvar” las almas de sus súbditos, en vez de lograr el bienestar de los mismos.

Desde que Pat Condell me enseñó la famosa frase “tus creencias son un accidente de nacimiento”, la he repetido en varias ocasiones. Y es que las leyes de la naturaleza descubiertas (que no inventadas) son universales, mientras las creencias religiosas son accidentales. Incluso, constatado el hecho aceptado de la esfericidad de la Tierra, contraviniendo los textos “sagrados”, se siguen manteniendo éstos como inmutables, enfrentados a los del vecino, y por los que unos parabolanos católicos o islamistas llegan a asesinar en nombre de dios.

Sé que cuesta mucho trabajo deshacerse de tus creencias, de las de tus padres, de las de tus abuelos, pero en el mundo donde todo puede investigarse, razonarse, ¿por qué conservar los “textos de la división” en vez de trabajar por las “leyes de la unión”? Si la Ciencia descubre una nueva ley natural, que es válida en España, en Irán, en Perú, en India, en México… ¿es que no nos puede dar para pensar que los “textos sagrados” de cada país podrían estar equivocados, al menos en muchos de sus postulados? ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que un ser invisible nos gobierne? Yo conozco esta última respuesta: mientras la subespecie de los profesionales de la religión goce de los placeres terrenales, jaleados por sus respectivos “fieles”, grupos que jamás podrán unirse por la vía religiosa en tanto en cuando cada texto sea incompatible con el del otro. La Ciencia es Universal; los dioses son provincianos. Y mañana aparecerán los que creen en algún dios a “acusar” a los demás de “creer” en la Ciencia con el fin de equiparar conceptos. ¡Cuán equivocados están!, por muchos conceptos que equiparen, de la caída al barranco te libras agarrándote a una cuerda, nunca a dios.

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