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Archive for 1/02/09

NACER ATEO

 Que nadie es perfecto no es ningún misterio. En este momento la memoria se remonta a mis tiempos de estudiante de religión (en el colegio y en el instituto). En la universidad, afortunadamente, ya no se impartía. Colegio, instituto y universidad son los lugares donde se aprende a diferenciar la realidad de la ficción, la ciencia de la creencia, en definitiva, lugares donde la mayoría de los “hinbestigadores y parapsicólogos” de hoy en día no ha completado sus ciclos. Y vamos a una anécdota que me sucedió con la ¿asignatura? de religión. 

nacer-ateo2En cierto curso tuve un profesor un tanto peculiar, aunque debo reconocer que todos los “profesores de religión” son peculiares. El mío lo único bueno que hizo fue no suspenderme.

 

Era el paradigma perfecto de profesor de religión: Creyente, por supuesto, ultraconservador (con la banderita de Franco en su reloj), inquisidor, y sin necesidad de superar una oposición, como el resto del profesorado, para su puesto de trabajo. Pero  en mi adolescente relación con él se me ocurrió preguntarle un día qué era lo que a él le había llevado a creer en Dios. La respuesta que me dio es digna de ser considerada, si no como apología del terrorismo, sí como apología del descerebramiento: “Para creer en Dios no hacen falta hechos, sino fe. Fe en algo que no has visto, no has tocado, no has escuchado, no has probado”. Y prosiguió relatando (lo recuerdo como si hubiera sido ayer) un acontecimiento que le ocurrió a él y que atribuyó su autoría directamente a Dios.

 

Mi profesor no era más que un muchacho cuando organizó un viaje en avión para visitar, él solo, a unos familiares que tenía en Tenerife. Por una causa o por otra, de camino al aeropuerto, se vio metido en un atasco. No era un atasco cualquiera. ¿Había fantasmas en él? ¿Estaba Dios dando paso al tráfico? os preguntareis. Nada de lo anterior. El atasco fue tal que cuando llegó al aeropuerto su avión ya había salido. El nudo de la historia es que, minutos más tarde, el avión que mi profesor no había podido coger por llegar tarde se estrelló, muriendo una gran parte de sus ocupantes (si no todos. No lo recordaba exactamente).la-a-roja

 

Y ahora viene el desenlace. “Como un reloj marca las horas, se deduce que la arcilla es blanda” ¡Esa era, para él, la razón por la que Dios existe! (esa es, precisamente, la ausencia de razón) ¡Decía y mantenía que Dios lo salvó metiéndolo en un atasco de narices para que no cogiera el avión! Pero una mente impía como la mía y como la de cualquier persona normal se hace las preguntas evidentes de un adolescente: ¿Por qué no hizo Dios lo mismo con las otras personas que murieron en el avión? ¿Acaso no somos todos iguales a los ojos del Señor? ¿Prefirió Dios la vida de esta persona a las decenas de vidas que iban en el avión y que ese día se apagaron? ¿Es éste el Dios justo que nos promete la Iglesia? ¿No podía, en lugar de provocar un atasco, haber hecho que ese avión nunca se hubiera estrellado? El tiempo me ha enseñado muchas más cosas sobre el adoctrinamiento infumable de la religión, pero mis sensaciones juveniles se han mantenido. Todo el mundo nace ateo y muchos somos contaminados después por la religión. Y cada vez más aumenta el número de los que hemos conseguido zafarnos de la rémora de los dioses volviendo a nuestros orígenes.

 

Gracias a ese esperpento de profesor de religión se aclararon todas mis dudas. Esa noche dormí como un lirón y me desperté al día siguiente con un sol espléndido y un aire limpio que reforzaban la sensación de haberme despojado de unas cadenas. Por supuesto que no estoy en posesión de la Verdad. Pero permitidme la vanidad de apreciar con orgullo mi verdad atea, esa que puede cambiar con arreglo a las pruebas, no como la “otra”, que no atiende a razones.

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