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Archive for 13/10/08

El hombre, sí. El tonto sigue entre nosotros.

 

Antes de 2002 nadie ponía en duda la llegada del hombre a la Luna, salvo algún loco suelto, pero después de ese año florecieron por el extenso prado de la ignorancia cantidades ingentes de hinbestigadores (ya no pongo ni las comillas puesto que forman un grupo propio de nueva denominación) que encontraron las “pruebas”  que “demostraban” su paranoica idea consistente en que la Nasa nos había engañado a todos, que nadie llegó a la Luna en 1969 (ni 1970 ni siguientes).

 

¿Cuál era la fuente de esas “pruebas”? Ni más ni menos que un documental “avalado” por manifestaciones de los altos cargos implicados en la “conspiración”. Ese documental no es otro que “El lado oscuro de la Luna” (Opération Lune), 2002, 52 min., realizado por William Karel y coproducido, entre otros, por ARTE France.

 

Para un internauta no debe ser difícil hacerse con este documental (en español). Las leyendas urbanas sobre la bandera ¿ondeante? en la Luna, las luces y sombras, los grabados en las rocas, etc., se multiplican, reproducen y mutan en otras nuevas. Es graciosísimo oír “ladrar” a los hinbestigadores que aparece un cuadro de Stanley Kubrick sobre la superficie lunar que demostraría el montaje de la Nasa, a la vez que esos mismos sujetos “ladran” que Armstrong vio ruinas y extraterrestres en una Luna donde nunca estuvo. ¿Se puede dar mayor paranoia en una mente humana? ¿En qué quedamos, se llegó o no se llegó a la Luna? ¡Afirman una cosa y la contraria!

 

Los hinbestigadores intentan llegar a la meta de la audiencia y para ello nada mejor que ser el primero de la clase, por eso J.J. Benítez se inventó su “documental” de las ruinas lunares (era consciente de que la gente “cree” todo lo que sale por televisión) y lo emite en TVE infringiendo el artículo 20 apartado d) de la Constitución Española.

 

He de confesar que, cuando vi el documental “El lado oscuro de la Luna”, sin aviso previo sobre el tema, los engranajes de mi mente chirriaban hasta que aparecieron David Bowman (me suena más de 2001 veces), Ambrose Chapel (éste sabía demasiado) y George Kaplan (con su muerte en los talones). Ahí me tranquilicé y seguí contemplando el espectáculo como tal: un fenomenal pasatiempo de ficción que aún hoy mantiene descolocados a muchos voceros y emborronadores de papel, estos que pretenden ser tan “listos” que “descubren” la “conspiración de la Nasa”, pero ni se les ocurriría descubrir su propia incapacidad de razonar. Antes machacan a los que ponemos sus vergüenzas (caso de tenerlas) al aire.

 

Ni engaños de sombras y luces, ni bandera ondeante, ni otras zarandajas. El montaje del documental da pie a todo esto, pero la realidad es fácilmente distinguible para todo aquel que use algo más de un 15 por 100 de su cerebro. Máxime cuando la tan temida entonces Unión Soviética certificó con su silencio el éxito de la misión norteamericana.

 

De vez en cuando da gusto oír y leer a ciertos hinbestigadores en sus medios reincidir sobre este tema, manifestando sus dudas. No manifiestan abiertamente la verdad de este asunto porque fue mucho el empeño que pusieron en su momento en sus erróneos postulados. Pero siguen manteniendo esa duda entre sus audiencias y lectores para hacer proselitismo de la ignorancia. A eso lo llamo yo mala fe. 

Pero esta reflexión mía se basa en otra de Javier Armentia en su blog. Pinchar AQUÍ.

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