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Archive for 4/09/08

parte delantera

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Hay que ver la cantidad de personas que habla y habla sin tener ni idea de la coordinación de sus ideas. ¿Qué interés puede tener un científico en desmitificar la sábana santa? Sin embargo también podemos preguntarnos ¿qué interés tiene un “sindonólogo” en mantener ese mito? Las respuestas son tan sencillas como que el primero sólo tiene un interés aséptico y el segundo se agarra a unos sentimientos que le impiden ver lo que ve cualquier persona sensata.
No voy a entrar aquí en el detalle histórico de una figura (Jesús) cuya prueba de existencia está por demostrar, máxime cuando ni Suetonio ni Tácito ni Flavio Josefo (historiadores de la época) mencionan a este personaje (Flavio Josefo lo hace de pasada, pero es una aportación de los frailes que traducían textos antiguos en la Edad Media. Era inconcebible para ellos que Jesús no apareciera en los textos históricos y se permitieron la lindeza de añadir una pequeñísima referencia. No hay más). Y digo que, un personaje de las presuntas facultades de Jesús, es imposible que pasara desapercibido para esos historiadores, teniendo en cuenta que gente con menos historia aparece en esos escritos). Pero para el caso que nos ocupa, imaginemos que Jesús existió de verdad.
Lo primero que nos encontramos en la sábana santa es un trozo de tela de unos 4,3 metros de largo por 1,1 de ancho (es evidente que los telares pueden producir piezas muy largas y estrechas mucho mejor que fabricar una de, por ejemplo, 4 por 4 metros. ¡Y los “inútiles” judíos envolvieron el presunto cuerpo de Jesús a lo largo y no a lo ancho! contraviniendo así todas las reglas de la humanidad desde el inicio hasta nuestros días. Los cadáveres que se han envuelto en todas las culturas del mundo en toda la historia lo han sido a lo ancho, ¡porque a lo largo no se le ocurre ni al que asó la manteca debido a su extrema dificultad! Pero siempre habrá quien diga que, considerado Jesús un “Dios”, los que manipularan su sudario lo envolverían de “manera excepcional”. Si por poder ser, puede ser cualquier cosa.
Con el párrafo anterior bastaría para descalificar cualquier argumento a favor de la síndone como sudario de Jesús. Pero habrá que esforzarse un poco más en la tarea de hacer ver a los ciegos. Para empezar digamos que la Iglesia Católica Apostólica y Romana dio por buenos los resultados de las pruebas del carbono 14 llevados a cabo por tres laboratorios distintos a finales de los años 80, y que databan esa sábana entre los años 1260 y 1390. Al menos entre las autoridades eclesiásticas hay gente sensata y, por una vez, no seré yo quien les lleve la contraria. Pero los “sindonólogos” no paran. Ninguno tiene ni puñetera idea de Física y se permiten frivolizar con esas pruebas del carbono 14 alegando que la “contaminación” del paso de los años (incendios, humos, etc.) descalifican esos análisis. Incluso hay algún ingenuo por ahí capaz de decir que las plantas actuales a la orilla de la carretera se datarían equivocadamente si se les hiciera la prueba del carbono 14 por aquello de la “contaminación” (aunque esto fuera cierto, lo sería con petróleo formado muy antiguamente, lo que llevaría a errar en la datación hacia atrás en el tiempo, nunca hacia adelante. Tal vez esa “contaminación” haya impedido datarla en 1821). Les confesaré que uno se “agranda” al oír tanta insensatez de gente que sólo fue dos veces a la escuela: una a inscribirse, y otra a anular la inscripción.
No voy a discutir aquí (ya se ha hecho hasta la saciedad) lo fraudulento de las teorías del polen (ver el 2º comentario a este post) o la moneda en los ojos del cadáver envuelto, ni tan siquiera voy a discutir los “argumentos” de Carmen Porter cuando dice en un programa de radio: “al poco tiempo de conocerse las pruebas del carbono 14, “se da” una rueda de prensa en la que “se dice” que la prueba del carbono puede fallar”. Yo sé que esa rueda de prensa “se dio” y en ella “se dijo” eso. Pero también sé qué personas la dieron al igual que sé quién dio los resultados del carbono 14. Si confrontamos nombres (te faltó eso mi querida Carmen) la credibilidad de unos y de otros dista tanto como la noche y el día. Tampoco voy a explicar aquí cómo se hizo esa reliquia; cualquiera que sienta interés puede encontrar en Internet varios modos de realizarla con los métodos conocidos en la Edad Media.
Pero lo que sí quiero que hagan ustedes es mirar. Miren la famosa foto de la sábana santa sin que nadie les susurre al oído. Mírenla ustedes mismos y analicen. No hagan caso ni de lo que digo yo ni de lo que dice nadie. Sólo hagan caso a lo que sus ojos vean. El ser deforme que aparece en esa foto ¡no cuadra con el paradigma de persona reflejada en las Escrituras! Brazos de orangután (intenten ustedes reproducir su postura de brazos cruzados). Cabeza desproporcionadísima (por pequeña) con respecto al cuerpo, del que está separada. Pelo a los lados, en suspensión, “en un cadáver acostado”. Un muslo más grande que otro. No hay pliegues en la tela (¿se envolvió en tensión?)… Cualquiera que quiera saber más incongruencias de esta síndone que “investigue” un poco. Las hay a montones.
Pero la discusión ha de continuar. Un sindonólogo no se retracta nunca, un creyente no se retracta nunca, y puestos a creer, cada uno cree en lo que quiere, pero cuando se habla de Ciencia, lo menos que se puede exigir es un mínimo de conocimiento de las leyes de la Naturaleza, esas que siempre podemos comprobar experimentalmente y nos dan pie para adaptarnos a las pruebas. Para leyes divinas ya existen demasiados libros sagrados, esos que permanecen inmutables con el paso del tiempo y que no aportan nada al avance de la Humanidad. Disfruten ustedes mismos de la famosa foto de la sábana santa.
Para más información, y comprobar que todo es un fraude, merece la pena leer este artículo:

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