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Archive for 28/08/08

Carlos Javier Álvarez (Santa Cruz de Tenerife, 1966) es Doctor en Psicología y profesor titular de la Universidad de La Laguna. Su campo de investigación es la neurociencia cognitiva del lenguaje. Ha publicado numerosos trabajos en prestigiosas revistas científicas internacionales y colabora con equipos de investigación de Francia, Alemania y Australia, países en los que ha realizado estancias de investigación. Le interesa especialmente la divulgación de la ciencia y el análisis crítico de las pseudociencias. Es uno de los editores del libro Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos (2004) y colabora habitualmente en prensa diaria, radio y televisión.

A continuación reproduzco un texto de su libro “La parapsicología ¡vaya timo!”, de editorial Laetoli.

¿PARAPSICOLOGÍA EN ESPAÑA?

Me dirás que en la multitud de programas televisivos, la mayoría de tipo sensacionalista, has oído a personas que se llaman parapsicólogos. Cierto, y esos autoproclamados parapsicólogos sí que abundan en nuestro país y abarcan una amplia gama de personajes. En general, se caracterizan por no tener formación científica (ni en muchos casos carrera universitaria) que les habilite para el trabajo de investigación. Su disparidad es grande. Van desde la pobre e inculta brujita, echadora de cartas y adivinadora, que también se autodenomina parapsicóloga, hasta los pseudoperiodistas de lo oculto que viven de inventarse misterios y aparecer en múltiples medios de comunicación, consiguiendo en algunos casos dirigir o presentar programas en cadenas de televisión públicas o privadas, como el reciente Cuarto milenio de Iker Jiménez o el felizmente finalizado Planeta Encantado de Juan José Benítez.

 

Este subgrupo tiene incluso desde hace algún tiempo revistas endogámicas en las que publican sus propios trabajos. No, claro que no estoy hablando de revistas científicas sino de esas de divulgación esotérico-paranormal y de venta de misterios y timos variopintos. En general, esta parapsicología española es circense, televisiva y mediática; nada tiene que ver con la comentada anteriormente del mundo anglosajón, la parapsicología seria, de verdad, experimental, científica y académica. Y es una pena.

 

Ya quisiéramos que pudieran darse casos de colaboración entre creyentes y escépticos (como el apuntado entre Honorton y Hyman) para buscar la mejor metodología experimental posible que permita la investigación de un fenómeno determinado. Eso es absolutamente imposible e impensable en este país. Para ello harían falta personas con formación científica, aunque fueran creyentes, y que pudiéramos hablar el mismo lenguaje y con los mismos objetivos. Mi experiencia, como la de tantos otros escépticos, es que esos personajes no sólo no son científicos sino que desconocen cómo funciona la ciencia; no se dan cuenta de que la crítica y el escepticismo continuos son lo que hace avanzar a las disciplinas científicas y que los aplicamos a nuestro propio campo de investigación día tras día. La crítica no sólo no es perjudicial sino que es el motor de la ciencia. Por ello, en cuanto pones en duda sus argumentos, en cuanto das una explicación más sencilla, más normal a cualquier supuesto fenómeno paranormal, en cuanto pones en duda los resultados de eso que llaman “investigaciones”, se enfadan mucho. El filósofo Mario Bunger afirmaba que una de las características de las pseudociencias es que rechazan frontalmente la crítica, no rebaten racionalmente las tesis científicas sino que recurren a argumentos ad hominem, atacando al mensajero y no el mensaje, probablemente porque tampoco estarían capacitadas para hacerlo.

 

Hace poco, navegando por Internet, encontré una página web del Instituto (….) En dicha web encontré un artículo de un español, Manuel Carballal. El artículo empezaba sorprendentemente bien y afirmando lo que yo mismo podría decir: que no existe ninguna facultad de psicología, ninguna carrera, ninguna universidad, ningún título oficial, en ninguna parte, que incorpore algo relacionado con la parapsicología y que, por tanto, cualquier curso que se anuncie sobre esa materia con el adjetivo de oficial es sencillamente un fraude, una estafa, un timo. Pero inmediatamente después pasaba a relatar que hay investigadores serios y “anónimos” (¿recuerdas que los métodos y resultados de la ciencia deben ser públicos?), incluidos “licenciados, doctores y hasta catedráticos”, que se dedican a la parapsicología. Es curioso que yo no conozca a ninguno… Y entre esos investigadores “que realizan estudios de gran interés científico” cita a varias personas, todas ellas desconocidas en el mundo de la ciencia pero muy conocidas en esas revistas y programas de televisión esotéricos que te he mencionado. Pero no pude encontrar ni una sola cita en ninguna revista científica, a menos que, para ellos, revistas como Año Cero, Enigmas o Más Allá lo sean…

 

Una de las características de esta parapsicología española es que, además de ser acientífica en sus planteamientos y métodos, es también absolutamente creyente. Esos “investigadores” eligen un fenómeno y, sin ponerlo en duda en ningún momento, empiezan a buscar explicaciones de tipo paranormal pero que suenen “científicas”, algo muy propio de las pseudociencias. Como afirmaba Javier Armentia en su capítulo “¿Existen los fenómenos paranormales?”, en Ciencia y pseudociencia: realidades y mitos, uno de los fenómenos favoritos del mundo paranormal español ha sido, sin duda, las caras de Bélmez. Pues bien, los “investigadores” de lo paranormal prescinden de las explicaciones prosaicas que muchas personas han dado tras investigaciones serias (dibujos hechos con sales de plata, manchas de humedad y mucha pareidolia…) y, asumiendo dogmáticamente que las caras son reales, comienzan a buscar explicaciones cada vez más estrambóticas, pero que suenan más serias que la de unas supuestas caras fantasmales.

 

Es lo que ha ocurrido también con las psicofonías, otro tema estrella de la paranormalidad hispana. A pesar de las muchas explicaciones recibidas (las psicofonías son en parte fraudes y en parte ruidos que provocan pareidolia auditiva), admiten que las psicofonías existen y buscan una explicación distinta de la de “muertos hablantes”. En ambos casos, las nuevas explicaciones tienen un origen más parapsicológico. Por ejemplo, según Carballal, algunos “investigadores” han opinado que las psicofonías son “un efecto PK del operador sobre el magnetófono”, o sea, “un caso de influencia psicoquinética del investigador”. Vamos, como si yo dijera que los marcianitos verdes de Venus que tengo guardados en mi armario no son extraterrestres diminutos sino proyecciones psíquicas ectoplásmicas que se comunican conmigo a través de PES. Pero la evidencia científica de la psicoquinesia es exactamente la misma que la de los fantasmas de que hablan, lo que pasa es que suena un poco más seria…

Por todo ello, teniendo en cuenta este tipo de argumentos y las revistas que publican los autores autodenominados parapsicólogos, además de sus raquíticos conocimientos científicos, me temo que el tema de la parapsicología en España, muy a mi pesar, no da para más.

Los últimos párrafos de este libro los podeis leer AQUI.

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