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Archive for 25/08/08

Literalmente oí: “quien no crea en los ovnis es que está ciego”. Ya tenemos la borrica a brincos. Se sigue insistiendo machaconamente por parte de los que se empeñan en mantener (algunas veces de buena fe, pero son las menos) que el denominado “fenómeno ovni” es un hecho real. Y claro que es real. Siempre que veamos un objeto en el cielo y no sepamos lo que es, es evidente que podremos denominarlo ovni. Pero de ahí a concluir que los ovnis son naves extraterrestres va un abismo.

Otro gran error de los entusiastas de esta temática es plantearse las cuestiones desde el punto de vista de la “creencia”. Como estos entusiastas “creen” en ovnis, “creen” en fantasmas, “creen” en voces del más allá, lo único que les queda es buscar las pruebas que avalen sus “creencias”. ¡Ese es el error! ¿No sería mejor, desde el punto de vista del análisis de estos “hechos”, recopilar pruebas y más tarde sacar las conclusiones de las mismas?

Pues vaya fiasco –pensará más de uno-, toda mi vida creyendo en esto y ahora resulta que, descartando las manipulaciones, descartando los hechos explicables, descartando los evidentes fraudes, descartando los testimonios sin sentido, me encuentro con que sólo me queda un montón de estiércol (alguien ya dijo esta frase).

Esa es la diferencia: mejor un montón de estiércol real (al menos valdrá de abono) que una fantasía que ciegue nuestro sentido común.

Pared con objeto UN PURO

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EL MITO DEL YETI

Imagen de la pelicula de Patterson

Imagen de la película de Patterson

El yeti, ¿Qué es el yeti? ¿Quién es el yeti? El yeti “es” una criatura parecida a un simio, con forma humana, cubierta de pelo, que se pasea a sus anchas por los bosques y montañas de más de medio mundo, generalmente América y Asia, asustando a las personas con las que se encuentra.

No existe ni una sola prueba para afirmar con tanto desparpajo la existencia del yeti. La definición anterior está basada en testimonios. ¿Y que valor hay que dar a los testimonios? Pues bien poco. De hecho, yo voy a efectuar uno muy concreto: “Esta tarde he estado jugando a las cartas con extraterrestres” ¿Verdad que no me creen? Pero lo que he dicho no deja de ser, sin embargo, un testimonio. Por eso se piden las pruebas: por la poca importancia que se le debe dar a los testimonios.

¿Y que pruebas tenemos de que este señor peludo y de gran envergadura existe? Testimonios, más testimonios y un vídeo de poco más de un minuto, de mala calidad y a una distancia tan lejana que el autor, Roger Patterson podría habernos vendido el fraude como le hubiera dado la gana sin necesidad de cuidar detalles, como si la persona disfrazada de gorila (o de ayudante de Harrison Ford en “La guerra de las galaxias”) tuviera o no los pies lo suficientemente grandes como para que sus huellas parecieran las de un simio gigante, las del yeti.

Pero Patterson quiso ser fiel a los testimonios y se buscó a un jugador de baloncesto. Le puso el traje, bien elaborado (había que engañar al mundo de alguna manera, y de forma simplista era difícil) así que lo adoctrinó en una serie de reglas:
Primero le dijo que en un momento de la grabación debería mirar a cámara. Y, segundo, le comentó la manera de parecer realmente un simio andando y además, dar las zancadas mas largas. Debía de situarse en cuclillas, aunque no debía de agacharse demasiado y, una vez así, poner la espalda recta y andar. Al andar con las piernas flexionadas (ejerciendo como muelles) las zancadas son mucho más grandes que las normales. Si a esto le unimos la envergadura, el vídeo no parece difícil de hacer.

¿Y esas manos que caen hasta el fémur? Pues la pregunta no inquieta ni a un niño. Al echar la espalda hacia adelante las manos, si las dejamos caer, llegan claramente hasta el fémur, no hace falta que nos mida tres metros cada una.

Lo que está claro es que si una persona sola se encuentra en medio del bosque a un bigfoot, corre que se las pela. Las demás cosas son inciertas. Roger Patterson se lamenta de no haberle pegado un tiro a esa criatura para poder demostrar que en efecto se trataba del yeti. ¿Y por qué no lo hizo?

Hoy día existen disposiciones legales contra el maltrato de animales (ni qué decir si se trata de humanos), si bien cuesta trabajo imaginarse maltratando al yeti (maltratar a un animal de más de dos metros y con unas garras afiladas como cuchillos jamoneros, ¡que raro!). Pero en 1967, fecha del vídeo, la ley era más laxa en estos temas. No sabemos si Roger llevaba o no pistola, lo que sabemos es que su vídeo (película en esas fechas) nos deja indiferentes pues lo que se ve en él, aparte de ser borroso, es dudoso y muy fácil de grabar: tan solo hacen falta dos personas, un traje y una cámara. (Que le pregunten a Bob Hieronimous que aún estaba esperando en 2004 los 1000 dólares que le prometieron por enfundarse el disfraz).

Huellas poco profundas

Huellas

Hay quien expone la teoría de que el yeti (conocido también como abominable hombre de las nieves, bigfoot y sasquatch, pero con huellas sospechosamente poco profundas como se ve en esta imagen) es un antepasado nuestro que no llegó a extinguirse y se instaló en las zonas montañosas para vivir alejado de nosotros. Me gustaría saber si esta gente puede sostener sus postulados frente a los de la Evolución, o pueden mantenerlos simplemente frente a la Biología.

Decenas de expediciones, algunas llevadas a cabo por la BBC, aportando enormes cantidades de dinero, acabaron en la conclusión y el resultado que nos temíamos: Ni rastro del yeti. ¡Claro! ¿Como vamos a encontrar algo que no existe? Siempre sucede lo mismo: cuando los expedicionarios son gente seria no encuentran nada. Pero si la expedición es organizada por algún “vendedor de misterios” seguro que “algo” encuentran. Aunque tengan que pintarlo.

A pesar de su inexistencia, (demuéstreseme que existe y cambiaré lo de inexistencia) el yeti ha provocado la muerte de varias personas en EEUU. No por sus ataques ni tampoco porque tenga una radiación que fulmine a la persona que se encuentre cerca de él, sino por los límites de la leyenda que en la década de los 70 y 80 llegaron a fascinar a policías y guardias nocturnos -también a ciudadanos normales- que creían verlo en todas partes. Esto provocó que vieran yetis allá por donde pasaban (ya sabemos que no vemos la realidad total, sino lo que queremos ver) y que en EEUU mataran a varios vagabundos que, durmiendo con su abrigo de piel, eran confundidos con la temible “bestia”.

Seguimos, mientras tanto, esperando a que las pruebas que demuestren que esta criatura existe lleguen hasta nosotros. He dicho pruebas, y no testimonios, videos falsos y gente vestida de carnaval por en medio de un bosque. Tampoco queremos mechones de pelo de bisonte ni huellas gigantes realizadas por manos humanas para ser fotografiadas una vez terminadas. No queremos obras de arte, que para eso ya tenemos los círculos de trigo. Queremos que alguien atrape de una vez por todas al yeti, y si me tengo que tragar mis palabras, me las tragaré. ¿Creen que tendré que hacerlo?

Interesantes: El Yeti y los JJ Benítez, Ciencia para normales y ¿Existen los seres imaginarios?

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