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Archive for 31 agosto 2008

EL COSMONAUTA DE CUARTO MILENIO

Los ciudadanos tenemos derecho a una información “veraz”. Evidentemente, errores los cometemos todos. Pero los “divulgadores de lo paranormal” no tienen escrúpulos si, después de ser “cazados” en un “renuncio” de amplio calado, no presentan la dimisión de sus labores. Yo no digo que deban irse a su casa por un error, lo que sucede es que cuando esos errores se convierten en una cadena, o se van, o debemos echarlos a gorrazos. Y es que, además, esta gente es soberbia, y como afirmaba el filósofo Mario Bunguer “una de las características de las pseudociencias es que rechazan frontalmente la crítica, no rebaten racionalmente las tesis científicas sino que recurren a argumentos ad hominem, atacando al mensajero y no el mensaje, probablemente porque tampoco estarían capacitadas para hacerlo” (ya mencionado en el post anterior).

El autor de todo

El autor de todo

Fíjense en lo que le sucedió a Iker Jiménez en su programa Cuarto Milenio allá por la primavera de 2006. Obsesionados como están los “inbestigadores” de lo paranormal por las conspiraciones, se tragan lo primero que cae en sus manos, sin el más mínimo rigor de confrontación y confirmación. La historia comienza cuando Iker le dedica su programa a la “conspiración soviética” para ocultar un fracaso en una presunta misión espacial. ¡Hay que ver la de fracasos que ha habido en este campo!, pero en esta ocasión, un astronauta, Ivan Istochnikov, “exterminado” de la historia por las autoridades de la extinta URSS, significó que el mundo de las pseudociencas quedara con el culo al aire y fuera el hazmerreír de toda la profesión periodística. ¡Pobre cosmonauta! ¡Muerto por la causa y nosotros –Cuarto Milenio- lo desvelamos a la luz pública! Verdaderamente, de vergüenza. Los crédulos paranormanólogos se enfadan por el montaje del autor de esta falsa historia y consecuente ridículo del señor Jiménez, pero ninguno de ellos se enfada por el montaje de JJ Benítez con su “mirlo rojo” o mintiendo cuando afirma que Jesús paseó por el Coliseo romano, un coliseo que se construyó 50 años después de que Jesús (si es que existió) muriera. Llego a pensar que esta gente está fuera de la realidad. A lo mejor “inbestigan” más allá de la realidad para buscar su propia ubicación en este universo.

Pero no hay problemas. La vida sigue, y si la cara es de cemento resulta muy difícil de partir. Así que, despotriquemos contra los escépticos, “verdaderos culpables del ridículo de Iker Jiménez”, porque Cuarto Milenio y sus seguidores siguen siendo igual. Es decir, se tragan cualquier cosa que diga el “sherif”.

Yo apelo a los lectores de este blog para que lean la historia completa en http://blogs.elcorreodigital.com/magonia/2006/6/13/el-cosmonauta-fantasma
Me apuesto un céntimo a que los creyentes de la paranormalogía se enfadarán por oír las verdades del barquero. Pasa siempre. ¡Pero Nunca, Jamás, son críticos con quienes les meten día tras día la zanahoria por el amplio agujero de sus tragaderas!

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Carlos Javier Álvarez (Santa Cruz de Tenerife, 1966) es Doctor en Psicología y profesor titular de la Universidad de La Laguna. Su campo de investigación es la neurociencia cognitiva del lenguaje. Ha publicado numerosos trabajos en prestigiosas revistas científicas internacionales y colabora con equipos de investigación de Francia, Alemania y Australia, países en los que ha realizado estancias de investigación. Le interesa especialmente la divulgación de la ciencia y el análisis crítico de las pseudociencias. Es uno de los editores del libro Ciencia y pseudociencias: realidades y mitos (2004) y colabora habitualmente en prensa diaria, radio y televisión.

A continuación reproduzco un texto de su libro “La parapsicología ¡vaya timo!”, de editorial Laetoli.

¿PARAPSICOLOGÍA EN ESPAÑA?

Me dirás que en la multitud de programas televisivos, la mayoría de tipo sensacionalista, has oído a personas que se llaman parapsicólogos. Cierto, y esos autoproclamados parapsicólogos sí que abundan en nuestro país y abarcan una amplia gama de personajes. En general, se caracterizan por no tener formación científica (ni en muchos casos carrera universitaria) que les habilite para el trabajo de investigación. Su disparidad es grande. Van desde la pobre e inculta brujita, echadora de cartas y adivinadora, que también se autodenomina parapsicóloga, hasta los pseudoperiodistas de lo oculto que viven de inventarse misterios y aparecer en múltiples medios de comunicación, consiguiendo en algunos casos dirigir o presentar programas en cadenas de televisión públicas o privadas, como el reciente Cuarto milenio de Iker Jiménez o el felizmente finalizado Planeta Encantado de Juan José Benítez.

 

Este subgrupo tiene incluso desde hace algún tiempo revistas endogámicas en las que publican sus propios trabajos. No, claro que no estoy hablando de revistas científicas sino de esas de divulgación esotérico-paranormal y de venta de misterios y timos variopintos. En general, esta parapsicología española es circense, televisiva y mediática; nada tiene que ver con la comentada anteriormente del mundo anglosajón, la parapsicología seria, de verdad, experimental, científica y académica. Y es una pena.

 

Ya quisiéramos que pudieran darse casos de colaboración entre creyentes y escépticos (como el apuntado entre Honorton y Hyman) para buscar la mejor metodología experimental posible que permita la investigación de un fenómeno determinado. Eso es absolutamente imposible e impensable en este país. Para ello harían falta personas con formación científica, aunque fueran creyentes, y que pudiéramos hablar el mismo lenguaje y con los mismos objetivos. Mi experiencia, como la de tantos otros escépticos, es que esos personajes no sólo no son científicos sino que desconocen cómo funciona la ciencia; no se dan cuenta de que la crítica y el escepticismo continuos son lo que hace avanzar a las disciplinas científicas y que los aplicamos a nuestro propio campo de investigación día tras día. La crítica no sólo no es perjudicial sino que es el motor de la ciencia. Por ello, en cuanto pones en duda sus argumentos, en cuanto das una explicación más sencilla, más normal a cualquier supuesto fenómeno paranormal, en cuanto pones en duda los resultados de eso que llaman “investigaciones”, se enfadan mucho. El filósofo Mario Bunger afirmaba que una de las características de las pseudociencias es que rechazan frontalmente la crítica, no rebaten racionalmente las tesis científicas sino que recurren a argumentos ad hominem, atacando al mensajero y no el mensaje, probablemente porque tampoco estarían capacitadas para hacerlo.

 

Hace poco, navegando por Internet, encontré una página web del Instituto (….) En dicha web encontré un artículo de un español, Manuel Carballal. El artículo empezaba sorprendentemente bien y afirmando lo que yo mismo podría decir: que no existe ninguna facultad de psicología, ninguna carrera, ninguna universidad, ningún título oficial, en ninguna parte, que incorpore algo relacionado con la parapsicología y que, por tanto, cualquier curso que se anuncie sobre esa materia con el adjetivo de oficial es sencillamente un fraude, una estafa, un timo. Pero inmediatamente después pasaba a relatar que hay investigadores serios y “anónimos” (¿recuerdas que los métodos y resultados de la ciencia deben ser públicos?), incluidos “licenciados, doctores y hasta catedráticos”, que se dedican a la parapsicología. Es curioso que yo no conozca a ninguno… Y entre esos investigadores “que realizan estudios de gran interés científico” cita a varias personas, todas ellas desconocidas en el mundo de la ciencia pero muy conocidas en esas revistas y programas de televisión esotéricos que te he mencionado. Pero no pude encontrar ni una sola cita en ninguna revista científica, a menos que, para ellos, revistas como Año Cero, Enigmas o Más Allá lo sean…

 

Una de las características de esta parapsicología española es que, además de ser acientífica en sus planteamientos y métodos, es también absolutamente creyente. Esos “investigadores” eligen un fenómeno y, sin ponerlo en duda en ningún momento, empiezan a buscar explicaciones de tipo paranormal pero que suenen “científicas”, algo muy propio de las pseudociencias. Como afirmaba Javier Armentia en su capítulo “¿Existen los fenómenos paranormales?”, en Ciencia y pseudociencia: realidades y mitos, uno de los fenómenos favoritos del mundo paranormal español ha sido, sin duda, las caras de Bélmez. Pues bien, los “investigadores” de lo paranormal prescinden de las explicaciones prosaicas que muchas personas han dado tras investigaciones serias (dibujos hechos con sales de plata, manchas de humedad y mucha pareidolia…) y, asumiendo dogmáticamente que las caras son reales, comienzan a buscar explicaciones cada vez más estrambóticas, pero que suenan más serias que la de unas supuestas caras fantasmales.

 

Es lo que ha ocurrido también con las psicofonías, otro tema estrella de la paranormalidad hispana. A pesar de las muchas explicaciones recibidas (las psicofonías son en parte fraudes y en parte ruidos que provocan pareidolia auditiva), admiten que las psicofonías existen y buscan una explicación distinta de la de “muertos hablantes”. En ambos casos, las nuevas explicaciones tienen un origen más parapsicológico. Por ejemplo, según Carballal, algunos “investigadores” han opinado que las psicofonías son “un efecto PK del operador sobre el magnetófono”, o sea, “un caso de influencia psicoquinética del investigador”. Vamos, como si yo dijera que los marcianitos verdes de Venus que tengo guardados en mi armario no son extraterrestres diminutos sino proyecciones psíquicas ectoplásmicas que se comunican conmigo a través de PES. Pero la evidencia científica de la psicoquinesia es exactamente la misma que la de los fantasmas de que hablan, lo que pasa es que suena un poco más seria…

Por todo ello, teniendo en cuenta este tipo de argumentos y las revistas que publican los autores autodenominados parapsicólogos, además de sus raquíticos conocimientos científicos, me temo que el tema de la parapsicología en España, muy a mi pesar, no da para más.

Los últimos párrafos de este libro los podeis leer AQUI.

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Literalmente oí: “quien no crea en los ovnis es que está ciego”. Ya tenemos la borrica a brincos. Se sigue insistiendo machaconamente por parte de los que se empeñan en mantener (algunas veces de buena fe, pero son las menos) que el denominado “fenómeno ovni” es un hecho real. Y claro que es real. Siempre que veamos un objeto en el cielo y no sepamos lo que es, es evidente que podremos denominarlo ovni. Pero de ahí a concluir que los ovnis son naves extraterrestres va un abismo.

Otro gran error de los entusiastas de esta temática es plantearse las cuestiones desde el punto de vista de la “creencia”. Como estos entusiastas “creen” en ovnis, “creen” en fantasmas, “creen” en voces del más allá, lo único que les queda es buscar las pruebas que avalen sus “creencias”. ¡Ese es el error! ¿No sería mejor, desde el punto de vista del análisis de estos “hechos”, recopilar pruebas y más tarde sacar las conclusiones de las mismas?

Pues vaya fiasco –pensará más de uno-, toda mi vida creyendo en esto y ahora resulta que, descartando las manipulaciones, descartando los hechos explicables, descartando los evidentes fraudes, descartando los testimonios sin sentido, me encuentro con que sólo me queda un montón de estiércol (alguien ya dijo esta frase).

Esa es la diferencia: mejor un montón de estiércol real (al menos valdrá de abono) que una fantasía que ciegue nuestro sentido común.

Pared con objeto UN PURO

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EL MITO DEL YETI

Imagen de la pelicula de Patterson

Imagen de la película de Patterson

El yeti, ¿Qué es el yeti? ¿Quién es el yeti? El yeti “es” una criatura parecida a un simio, con forma humana, cubierta de pelo, que se pasea a sus anchas por los bosques y montañas de más de medio mundo, generalmente América y Asia, asustando a las personas con las que se encuentra.

No existe ni una sola prueba para afirmar con tanto desparpajo la existencia del yeti. La definición anterior está basada en testimonios. ¿Y que valor hay que dar a los testimonios? Pues bien poco. De hecho, yo voy a efectuar uno muy concreto: “Esta tarde he estado jugando a las cartas con extraterrestres” ¿Verdad que no me creen? Pero lo que he dicho no deja de ser, sin embargo, un testimonio. Por eso se piden las pruebas: por la poca importancia que se le debe dar a los testimonios.

¿Y que pruebas tenemos de que este señor peludo y de gran envergadura existe? Testimonios, más testimonios y un vídeo de poco más de un minuto, de mala calidad y a una distancia tan lejana que el autor, Roger Patterson podría habernos vendido el fraude como le hubiera dado la gana sin necesidad de cuidar detalles, como si la persona disfrazada de gorila (o de ayudante de Harrison Ford en “La guerra de las galaxias”) tuviera o no los pies lo suficientemente grandes como para que sus huellas parecieran las de un simio gigante, las del yeti.

Pero Patterson quiso ser fiel a los testimonios y se buscó a un jugador de baloncesto. Le puso el traje, bien elaborado (había que engañar al mundo de alguna manera, y de forma simplista era difícil) así que lo adoctrinó en una serie de reglas:
Primero le dijo que en un momento de la grabación debería mirar a cámara. Y, segundo, le comentó la manera de parecer realmente un simio andando y además, dar las zancadas mas largas. Debía de situarse en cuclillas, aunque no debía de agacharse demasiado y, una vez así, poner la espalda recta y andar. Al andar con las piernas flexionadas (ejerciendo como muelles) las zancadas son mucho más grandes que las normales. Si a esto le unimos la envergadura, el vídeo no parece difícil de hacer.

¿Y esas manos que caen hasta el fémur? Pues la pregunta no inquieta ni a un niño. Al echar la espalda hacia adelante las manos, si las dejamos caer, llegan claramente hasta el fémur, no hace falta que nos mida tres metros cada una.

Lo que está claro es que si una persona sola se encuentra en medio del bosque a un bigfoot, corre que se las pela. Las demás cosas son inciertas. Roger Patterson se lamenta de no haberle pegado un tiro a esa criatura para poder demostrar que en efecto se trataba del yeti. ¿Y por qué no lo hizo?

Hoy día existen disposiciones legales contra el maltrato de animales (ni qué decir si se trata de humanos), si bien cuesta trabajo imaginarse maltratando al yeti (maltratar a un animal de más de dos metros y con unas garras afiladas como cuchillos jamoneros, ¡que raro!). Pero en 1967, fecha del vídeo, la ley era más laxa en estos temas. No sabemos si Roger llevaba o no pistola, lo que sabemos es que su vídeo (película en esas fechas) nos deja indiferentes pues lo que se ve en él, aparte de ser borroso, es dudoso y muy fácil de grabar: tan solo hacen falta dos personas, un traje y una cámara. (Que le pregunten a Bob Hieronimous que aún estaba esperando en 2004 los 1000 dólares que le prometieron por enfundarse el disfraz).

Huellas poco profundas

Huellas

Hay quien expone la teoría de que el yeti (conocido también como abominable hombre de las nieves, bigfoot y sasquatch, pero con huellas sospechosamente poco profundas como se ve en esta imagen) es un antepasado nuestro que no llegó a extinguirse y se instaló en las zonas montañosas para vivir alejado de nosotros. Me gustaría saber si esta gente puede sostener sus postulados frente a los de la Evolución, o pueden mantenerlos simplemente frente a la Biología.

Decenas de expediciones, algunas llevadas a cabo por la BBC, aportando enormes cantidades de dinero, acabaron en la conclusión y el resultado que nos temíamos: Ni rastro del yeti. ¡Claro! ¿Como vamos a encontrar algo que no existe? Siempre sucede lo mismo: cuando los expedicionarios son gente seria no encuentran nada. Pero si la expedición es organizada por algún “vendedor de misterios” seguro que “algo” encuentran. Aunque tengan que pintarlo.

A pesar de su inexistencia, (demuéstreseme que existe y cambiaré lo de inexistencia) el yeti ha provocado la muerte de varias personas en EEUU. No por sus ataques ni tampoco porque tenga una radiación que fulmine a la persona que se encuentre cerca de él, sino por los límites de la leyenda que en la década de los 70 y 80 llegaron a fascinar a policías y guardias nocturnos -también a ciudadanos normales- que creían verlo en todas partes. Esto provocó que vieran yetis allá por donde pasaban (ya sabemos que no vemos la realidad total, sino lo que queremos ver) y que en EEUU mataran a varios vagabundos que, durmiendo con su abrigo de piel, eran confundidos con la temible “bestia”.

Seguimos, mientras tanto, esperando a que las pruebas que demuestren que esta criatura existe lleguen hasta nosotros. He dicho pruebas, y no testimonios, videos falsos y gente vestida de carnaval por en medio de un bosque. Tampoco queremos mechones de pelo de bisonte ni huellas gigantes realizadas por manos humanas para ser fotografiadas una vez terminadas. No queremos obras de arte, que para eso ya tenemos los círculos de trigo. Queremos que alguien atrape de una vez por todas al yeti, y si me tengo que tragar mis palabras, me las tragaré. ¿Creen que tendré que hacerlo?

Interesantes: El Yeti y los JJ Benítez, Ciencia para normales y ¿Existen los seres imaginarios?

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Hace unos dias pude oir en una emisora de radio de aquí de Sevilla un programa de variedades donde un invitado, del que no pude oir el nombre por estar el programa ya empezado, mencionaba que el ser humano sólo utiliza el 10 por 100 de su cerebro. En esta afirmación coincido con él en parte: efectivamente muchos seres humanos utilizan sólo el 10 por 100, pero no todos. Casualmente, siempre que oigo esta afirmación es realizada por personas que desconocen totalmente lo que significa la palabra “evolución”. Nunca un psiquiatra, un psicólogo, un médico, un antropólogo hará este tipo de afirmaciones, sin embargo son muchos los “imbestigadores” que largan continuamente una determinada hipótesis simplemente porque la han leído en sus fuentes (revistas de lo “paranormal” y otras “magufadas”), entre las que nunca hay ningún libro de Ciencia (entre otras cosas porque no sabrían interpretarlo, y porque ven a los científicos como sus “rivales”, cuando son sólo notarios y fedatarios de la realidad).

Pero en mi recorrido por la red he podido descubrir un vídeo de un Doctor en Psicología y profesor titular de la Universidad de La Laguna (Tenerife). Este señor sí ha investigado (con v) y se ha documentado, tanto como para poder ilustrarnos con sus libros, pero de momento venga a este post el enlace para el vídeo de YouTube donde aparece. Me refiero al profesor Carlos Javier Alvarez González.Existe un error de base en muchos razonamientos sobre el tema del cerebro. El hombre no usa un tanto por ciento de su capacidad cerebral a voluntad, no. Lo que sucede es que todas las neuronas están a disposición de hacer una determinada acción.

Cuando alguien quiere levantar un brazo, se transmite la orden desde el cerebro a los músculos correspondientes, y esa orden sigue un camino determinado, digamos que saltando de neurona en neurona hasta las terminaciones nerviosas. Pero cuando una persona es bebedora, o simplemente cuando se envejece, las neuronas van muriendo, y es ahí donde se hace necesario que, previamente, haya habido muchas neuronas para que los caminos por donde se transmiten las órdenes al cuerpo puedan hacerse por otra vía cuando la primera falla. No tiene más remedio que haber miles de millones de neuronas porque en eso radica la posibilidad de la existencia del ser humano.

Imaginemos un cerebro con 100 neuronas y todas fundamentales. En cuanto una sola se muera, nos veríamos afectados de disfunciones básicas que podrían desembocar en nuestra propia muerte, por eso el mecanismo evolutivo nos ha dotado de tal manera que podamos mantener la especie. Pero el exceso de neuronas nos permite corregir las ausencias. Es evidente que todo el cerebro se usa a la vez (cognitiva o involuntariamente), es evidente que la misma orden viaja unas veces por un camino neuronal y otras por otro, por eso todas se usan y son necesarias. La propia evolución ha generado una máquina perfecta y es esta misma evolución la que potencia lo que se usa, y descarta lo que no se usa, de ahí que la capacidad física craneal haya ido en aumento a lo largo de los milenios.

Luego hemos de distinguir entre capacidad cerebral y actividad cerebral. Esta última siempre está “operativa” al ciento por ciento, y la primera es una virtud privativa de cada ser humano. Para que nos entendamos: una persona que sólo vive para una determinada idea (p.e. ver películas de karate) pero no es amante del cine, ni de las artes ni sabe apreciar las ciencias, ni es versada en dialéctica, probablemente su capacidad cerebral sea inferior al 10 por 100, pero aún así, todas sus neuronas, todo su cerebro está funcionando, lo que sucede es que desaprovecha la potencialidad de la mayoría de las neuronas para cultivarlas en el desarrollo de múltiples actividades que podrían producirle más placer digamos intelectual. Emplea la inmensa mayoría de sus recursos en actividades vegetativas (respirar, caminar, etc) y no los aprovecha en cultivar su mente.

En lo de los tumores por exceso de actividad cerebral ni me detengo, no es serio, o como mínimo, no tiene ninguna base experimental. Y no hay ningún científico que haya dicho que existen neuronas que no sirven para nada; si esto es así más vale dar nombres o no mencionar esto último.

Confío en que mi comentario pueda servir a quien se interese en estos temas. Me dedico a la docencia en Sevilla y mis alumnos han hablado muchas veces sobre esto, y no sé de dónde sacan esa serie de bulos, porque si en vez de encontrar tanto gazapo mediático se dedicaran a estudiar, lo aprenderían por sí mismos.

Carlos Pérez Rueda. https://misteriosaldescubierto.wordpress.com

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(Recomiendo ver después mi post “¿Llegó el hombre a la Luna?”. Pinchar AQUI.)

La serie “Planeta Encantado”, obra del popular periodista y escritor de fenómenos paranormales, Juan José Benítez, y emitida por la primera de Televisión Española desde el 19 de octubre los domingos a la noche, fue presentada por los responsables de la cadena pública como “investigación periodística” y “nueva apuesta por emitir documentales de calidad”.

Sin embargo, las incorrecciones científicas e históricas son constantes en toda la serie. Para el director del planetario de Pamplona, Javier Armentia, “esta serie, presentada como un documental, es decir, como un recuento cierto de la realidad, no como ficción, ha incurrido en mentiras, ocultaciones, errores y fraudes al televidente”. Según la mujer de Benítez y participante en la serie, Blanca Forniés – puesto que el novelista navarro ha declinado posicionarse al respecto – todo lo aparecido en la serie es “información” recabada por el propio Benítez a lo largo de su trayectoria profesional. ¿Y cuáles son esos elementos erróneos? Veamos algunos de ellos.

Para empezar, Benítez no duda en utilizar la animación digital para ofrecer filmaciones de “primicia mundial”. Por ejemplo, nos enseña unas imágenes que probarían supuestamente que Armstrong y Aldrin encontraron en 1969 en la Luna una base alienígena de miles de años de antigüedad y que “Estados Unidos usó armas tácticas y nucleares” para destruirla. En realidad, se trata de un video creado por la empresa guipuzcoana Dibulitoon, que utilizó programas de animación digital como Lightwave 3D, 3ds Max o After Effects.

La arqueología unida al error científico o a la invención le lleva a Benítez a afirmar en Perú que, como se ve en las fraudulentas “piedras de Ica”, hombres y dinosaurios convivieron, cuando estos últimos desaparecieron hace 65 millones de años, y los primeros homínidos surgieron en África hace poco más de 6 millones de años. Y la arqueología unida a lo paranormal le lleva a la isla de Pascua para sentenciar que las famosas estatuas, los ‘moais’, llegaron allí gracias al ‘maná’, el poder sobrenatural del rey y los sacerdotes, cuando los científicos han demostrado la teoría del arrastre sobre troncos.

En Méjico y Costa Rica, Benítez nos muestra la existencia de unas esferas de piedra, “obras gigantescas más propias de dioses que de titanes”. Sin embargo, en el caso de las piedras mejicanas de la sierra de Ameca, en el Estado de Jalisco, los científicos las atribuyen un origen volcánico, mientras que las de Costa Rica se tratarían de la obra de indígenas precolombinos.

Y por supuesto, los extraterrestres no faltan, como vemos en varios de sus episodios, y habla por ejemplo de los “hombres-peces” del sistema estelar de Sirio, la estrella más brillante del cielo, que hace unos mil años visitaron y enseñaron su ubicación al pueblo dogon en el actual Mali. Carl Sagan en su libro ‘El cerebro de Broca’ explicaba que este pueblo africano conocía también la existencia de los cuatro satélites interiores de Júpiter y de los anillos de Saturno, así como que la órbita de los planetas es elíptica, por lo que pudieron conocerlo por misioneros o exploradores.

El tema extraterrestre le hará incluso convertirse, durante cuatro capítulos, en protagonista de una trama que comienza con la supuesta entrega por parte de los extraterrestres de una piedra con signos “palo-cero-palo” a un anciano en el pueblo jienense de Los Villares, en 1966. El mismo día, Benítez encontraba en el Mar Rojo un anillo de plata con más de esos signos. Después de que investigadores universitarios y del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) no encontraran nada misterioso en dichos objetos, Benítez recurre a un “especialista en termovisión” y a un “informático oficial de la Armada”, quien lee en los signos las coordenadas de Tassili, en África, donde se encuentran unas pinturas del neolítico. Donde los arqueólogos ven nativos con máscaras y trajes rituales, el director de ‘Planeta encantado’ distingue seres con ‘cascos espaciales’ y ‘antenas’.

Todo ello les lleva a Benítez, su esposa y su hijo hasta Argelia, donde unos guías dicen reconocer en el anillo signos del tamazight, el bereber antiguo. La aventura acaba en la ciudad de Tarquinia, donde dice encontrar un monumento funerario etrusco con sus famosos signos. Uniendo todos los cabos, Benítez sentencia que “hace unos 9.000 años, una o varias civilizaciones no humanas tomaron el centro del jardín del corazón del Sahara como base de operaciones y prendieron la mecha de una nueva Humanidad”. De esta manera, pueblos como los etruscos, iberos o guanches habrían surgido gracias a “los gigantes de Tassili, procedentes de Orión”, aunque los primeros vestigios de esas culturas daten del siglo IX, V y I antes de nuestra era, respectivamente.

Para el periodista Luis Alfonso Gámez, que tiene una bitácora en la que disecciona los fraudes paranormales, Benítez “incurre en ese racismo de los amantes de la arqueología fantástica, partidarios de otorgar la autoría de las grandes obras no europeas a seres de otros mundos o a inexistentes civilizaciones desaparecidas.” De esta forma, Benítez también afirma delante de la pirámide de Keops que los egipcios no pudieron levantarla porque “hace 4.600 años el valle del Nilo despertaba al periodo Neolítico”. Sin embargo, en el reinado de Keops, Egipto era ya un Estado con una compleja organización política y social, que utilizaba la escritura desde 500 años antes, como poco, y donde ya existían grandes obras de canalización y riego o tratados de cirugía.

Como vemos, la Historia tampoco es tenida en cuenta por Benítez, quien trata de demostrar, por ejemplo, que fenicios, griegos y romanos clásicos, bereberes, árabes, mandingas o vikingos pisaron América antes de 1492, y que Cristóbal Colón sabía que América estaba allí gracias a un navegante que conoció antes de salir de Palos de Moguer. Si bien se han localizado restos vikingos al norte de la isla de Terranova, su ‘descubrimiento’ no supuso nada para Europa y América, y aunque es posible que vientos y corrientes arrastraran alguna nave de dichos pueblos, sin restos arqueológicos que lo demuestren se trataría de pura especulación.

Otro de los temas favoritos de Benítez son la religión cristiana y la figura de Jesús de Nazaret, por lo que empleará varios capítulos para lo que considera una “vergonzosa e interminable sucesión de errores y manipulaciones”. Para el novelista navarro, la estrella de Belén fue un “objeto brillante capaz de guiar a una caravana a lo largo de 1.300 kilómetros y, en consecuencia, tripulado inteligentemente”, rechazando cualquier fenómeno astronómico y las interpretaciones teológicas que consideran a los Reyes Magos un mito introducido por el evangelista Mateo. Sobre los años más desconocidos de la vida de Jesús, explica, entre otras cosas, que “durante su estancia en la Roma del emperador Tiberio, el Maestro disfrutó también de los juegos y de la belleza de la capital del Imperio”, mientras pasea por el anfiteatro del Coliseo romano, aunque, como precisa el periodista y arqueólogo Julio Arrieta, el famoso edificio comenzara a levantarse en 72 y se inaugurara en 80 de nuestra era.

En el tema de la sábana santa, Benítez niega la validez del test del radiocarbono cuyos resultados, publicados en su día en la revista Nature, así como los análisis de ordenador, de los granos de polen, o de las manchas de ‘sangre’, revelaron que la reliquia no era tal. Para él, los responsables del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP), los mismos que trabajaron al margen de la metodología científica, poseen la verdad. Siguiendo con más temas religiosos, Benítez se refiere al Arca de la Alianza, del que muchos amantes de lo paranormal han afirmado que era un condensador eléctrico. Pero la Biblia habla de una caja de madera recubierta de oro “por dentro y por fuera”. En un condensador tiene que haber un polo positivo y otro negativo separados por un aislante, algo que no tenía el Arca. Además, un cajón electrificado recubierto de oro hubiera electrocutado a todos los que la tocaran.

La serie, producida por DeAplaneta y con un coste de más de 8 millones de euros, según la propia cadena, se ha completado con una colección de seis libros bajo el mismo título, publicados por la editorial Planeta, y una colección de 13 fascículos semanales con DVD, editados por Planeta DeAgostini. Según Iván Benítez, hijo de Juan José y colaborador de la serie, las cifras de audiencia han hecho que la segunda parte ya esté en marcha. De nada parece haber servido la web en forma de “Carta abierta a RTVE” que ha recibido más de 400 firmas, realizada por el abogado tinerfeño Luis Javier Capote, profesor de la Universidad de La Laguna y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico.

 Fuente:

Alex Fernández Muerza

Enlaces:

Carta abierta a RTVE, http://manifo.blogalia.com/

Magonia, blog de Luis Alfonso Gámez, http://magonia.blogspot.com/

ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, http://www.arp-sapc.org/

El escéptico digital: digital.el-esceptico.org

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El denominado “caso Manises” es esgrimido por los autodenominados “investigadores ufológicos” españoles como el “caso ovni” por excelencia en España. Antes de desglosarlo y analizarlo debo decir que, cuando se analiza sin ningún prejuicio, uno puede descubrir, si quiere, que se trata de uno de los errores de pilotaje más grandes de la historia de España.

 

Si han pinchado en el enlace anterior habrán podido acceder al resumen de lo que sucedió la noche del 11 de noviembre de 1979, y si no, les resumo que esa  noche un avión español de pasajeros que acababa de salir de Palma de Mallorca se dirigía a Canarias y su comandante, haciendo honor a su apellido, no supo interpretar “una cosa”, se acojonó y puso rumbo al aeropuerto de Manises (Valencia).

 

Con el tiempo, las leyendas urbanas han ido “adornando” el famoso caso y, al final, todo el mundo en esa época “vio luces en el cielo por la noche”; cosa que es lo único que se puede ver en el cielo en cualquier noche, máxime cerca de cualquier aeropuerto. Fíjense, si no, en el tiempo que tarda un avión en aterrizar una vez enfilada la pista, son varios minutos en los que la luz de sus faros parece suspendida en el cielo para cualquiera que se encuentre en la alineación avión – pista – observador.

 

Pero el denominado “caso Manises” comienza con un error de base, malintencionado en muchos casos por los “investigadores” y erróneamente interpretado por los ignorantes.

 

Vamos a ver: ¿Por qué los “investigadores” se agarran tanto a una parte de la grabación y no a la otra? ¿Por qué manifiestan que esto es un “caso ovni” porque un diputado preguntó por ello en el Parlamento Español?

      

               

 

El error de base al que yo aludía anteriormente es el siguiente: Todo el mundo cree en las manifestaciones del piloto, bastante Lerdo, y nadie hace hincapié en las manifestaciones de los controladores aéreos.

Fíjense, el comandante del avión pregunta si hay tráfico aéreo porque ve unas luces cercanas (luces) y desde tierra, donde están los radares, le dicen por activa y por pasiva que no hay tráfico por su zona.

 Los “investigadores” se agarran a lo que dice Lerdo y obvian la constatación que hace la torre de control, donde están los radares, de que “no hay nada”. Si se esgrime la grabación para decir que Lerdo vio un “ovni”, debe esgrimirse para lo contrario.

 

Lo expuesto anteriormente es de pura lógica y sentido común. Ahora explicaré lo que le sucedió a este piloto. Pero antes aclaremos que, el hecho de la famosa pregunta de Mújica al Gobierno en el Parlamento, no es argumento de que aquella famosa noche se viera una nave extraterrestre sobre el Mediterráneo. Pero la leyenda urbana se agiganta cuando un avión de combate sale en busca del objeto.

Evidentemente, que un avión español, en el espacio aéreo de España, se vea “obligado” a abandonar su ruta es motivo suficiente para que el ejército investigue las posibles causas.

El avión de combate volvió sin resultados, pero la leyenda urbana siguió incrementándose, incluyendo a posteriori persecuciones de película contra un gigantesco objeto de aspecto metálico… ¡que no apareció en los radares!

                  

 

Los autodenominados “investigadores”, normalmente personas que no tienen ni idea de Física, y mucho menos de Ciencia, acentúan los posibles argumentos que avalan sus “creencias”, desechando aquellos que las desmitifican. Observaremos a lo largo del desarrollo de este blog que éste es el comportamiento general en sus “investigaciones”. En vez de analizar un determinado fenómeno y llegar hasta donde las pruebas los dirijan, van “manipulando” las pruebas para que concuerden con sus tesis.

 

Decía que no entienden de Ciencia por la explicación más que plausible de lo que obligó a Lerdo de Tejada, haciendo honor a su apellido, a cambiar el rumbo. Veamos.

                         

Insisto en que jamás se hace mención en las grabaciones de ningún objeto, sino de dos luces rojas. Insisto en que los radares de la torre de control no detectan nada material cerca del avión. ¿Por qué no creemos a la torre de control en vez de creer al piloto? Pues porque creer a la torre no vende nada. Pero voy a analizar fríamente lo que vio el comandante del avión.

Y lo haré con los conocimientos que la Ciencia nos ofrece, dando una explicación natural y lógica. Luego podríamos agarrarnos a que Lerdo de Tejada observó “seres de otra dimensión o galaxia”, pero mientras la explicación natural sea plausible, no hay lugar a otra cosa, puesto que esa cosa sería fantasía, y la fantasía inconsciente es buena para el cerebro, pero la fantasía consciente es vivir en el engaño.

 

                     

Época: Otoño de 1979. Hecho importante sobre el Mediterráneo entre Baleares y la Península Ibérica. El mar está perdiendo temperatura a marchas forzadas, desplazando grandes masas de aire caliente hacia arriba, donde se juntan con las capas frías de la atmósfera, formando una especie de “película” reflectora. ¡Cuantas veces se ha podido observar el chorro de fuego de un cohete lanzado al espacio, desde más de 300 kilómetros de distancia!, precisamente por ese reflejo de la luz en esa “película” que la puede conducir a centenares de kilómetros sorteando la curvatura terrestre. Esto es Ciencia e Investigación. O se sabe o no se sabe.

 

“Las luces”: Son dos luces rojas a algo más de 3 millas, según el piloto, que se dirigen hacia el avión a “gran velocidad”, pero en todo el tiempo que dura la grabación “nunca chocan”. Luego el piloto afirma que asciende, y las luces ascienden a mayor velocidad. ¡Pues claro, ese reflejo tiene que acercarse a “muchísima velocidad” a medida que ascienda puesto que avión y luces se aproximan a la “película atmosférica”. ¿Y qué son esas luces situadas “a las 10” según la marcha del avión? Pues las chimeneas de la refinería de Escombreras en Cartagena (Murcia). Lo más importante de este hecho, y se mantiene oculto, es que esas luces se pudieron seguir viendo posteriormente en idénticas circunstancias, sin que nadie se alarmara. No me extraña que el militar que salió en busca de “una nave extraterrestre” no descubriera nada. Él sí conocía el fenómeno, pero no tenía más remedio que estar extrañado de que un comandante, bastante lerdo por cierto, se acojonara por este efecto lumínico.

 

El “caso Manises” tiene una muy fácil explicación, pero como no convence a los “investigadores” porque tendrían que dejar de exponerla continuamente en sus libros, programas de televisión y radio, pues la desechan. Y lo peor es que se mofan con frases como… “con la experiencia que tiene un  piloto, ¿se va a asustar por unas chimeneas?”. Pues claro que se asusta, porque de hecho lo hizo. Y yo digo que… “con la experiencia que tienen los controladores aéreos, asistidos por radar, ¿es que van a pasar por alto una nave extraterrestre?” Lo dicho, cada uno que coja la explicación que necesite para ampliar sus conocimientos, pero coger la explicación más fantástica en un caso tan simple es querer engañarse.

 

 

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 Un Viernes de verano y con algunas copas de mas, un hombre, al cual no le iba nada bien un matrimonio en donde apenas “mojaba”, decide buscar aventuras durante unos días.  En una de las muchas calles de su ciudad ve a una señorita. Va vestida con una falda muy corta y lleva 4 kilos de maquillaje.

Ante esta oportunidad empieza a pensar que aquella señorita puede devolverle el morbo perdido en el matrimonio aunque para ello tenga que desembolsar algo de dinero.  Para no ser él quien primero tome el paso, y para evitar errores, se sitúa en una zona cercana a ella haciendo como si esperase a alguien. Pronto la chica se le acerca y las dudas que tenía se resuelven de un plumazo: Es una prostituta.

Ella lo agarra y se lo lleva consigo a “hacer su trabajo”. El hombre no se resiste pues hace tiempo que deseaba algo así y ambos se tiran dos días de pura pasión. 

El domingo por la noche vuelve a casa y por el camino piensa: ¿Qué le cuento a mi mujer ahora?

Es entonces cuando echa a volar su imaginación, de la que todos presumimos, y se inventa que unos extraterrestres lo han abducido. 

 Está claro que él no tiene pruebas, mas que el testimonio inventado, amparado en lo que ha oído de otros anteriores. Pero la confianza que deposita en él su mujer y las grandes dotes interpretativas del hombre harán que la mujer crea que dice la verdad. Mientras, el hombre, para que la mujer no sospeche, llama a televisiones locales y programas de radio. La gente piensa ¿Si todo fuera mentira se preocuparía en llamar a todos los medios?

Y yo digo: ¿Qué vale más, una llamada o un matrimonio?

 

           

Lo anteriormente contado no es un caso pero sí es el prototipo de explicación a muchos de ellos. Los casos en donde una vez abducidos te operaban en una nave de otro mundo se quedaban antiguos y entonces fueron surgiendo nuevos detalles que le daban más morbo al asunto, como las violaciones extraterrestres y la muestra de mapas de la tierra con zonas que guardan grandes tesoros ocultos.

Las abducciones no son más que historias inventadas (algunas inconscientemente) que le sirven a la persona que las crea para tapar sucesos que le marcaron en la infancia, como violaciones o malos tratos. La estadística está ahí, siendo EEUU el país en el que más abducciones se producen y donde más gente ha sufrido abusos de algún tipo en su infancia.

Y es que a veces una abducción no viene mal. Siempre es mejor venida que un abuso sexual. ¿No creen?

 

CSPR

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Editorial

Confíe en un testigo en todo

aquello en lo que no esté fuertemente

involucrado ni su propio interés, ni sus

pasiones, ni sus prejuicios,

ni su amor por lo maravilloso.

Si lo están, exija una prueba que lo

corrobore en proporción exacta a la

contravención de la probabilidad

por la cosa atestiguada.

 

THOMAS HENRY HUXLEY

(1825-1895)

Conclusión: Testimonios extraordinarios

requieren pruebas extraordinarias.

 

Este blog no pretende quitarle sus creencias a nadie. Pero cuando la creencia choca frontalmente contra la Verdad pueden suceder dos cosas. Una, que la verdad no nos guste porque queremos seguir viviendo en el mundo de la fantasía; y esto está muy bien cuando se vive de ese mundo, pero acaba con las personas de buena voluntad que se dejan guiar por esos vividores. La otra cosa que puede suceder es que nos demos cuenta que nuestras creencias no eran ni tan siquiera razonables y la Verdad nos arrebata algo que considerábamos bueno para nuestro cerebro. Pero les aseguro que nuestra mente se sentirá mucho más feliz y el placer es inmenso cuando se descubre la Verdad. Ese placer es superior a la desilusión por la fantasía desmitificada.

 

Entraremos en casos que circulan por los medios de comunicación como fenómenos tan normales hoy en día que ¿quién no ha oído hablar de psicofonías, ovnis, casas encantadas, etc.? Los que viven de esto nos los presentan ante nuestras narices como hechos “insólitos” o “paranormales”, con la sola evidencia de la casuística, pero despojados totalmente del primer análisis que todo ser humano hace de cualquier fenómeno de su vida cotidiana: El Sentido Común. Ese que dicen ser el menos común de los sentidos.

 

En este blog aplicaremos el sentido común y los conocimientos, puesto que no hay cosa peor para el ser humano que ocultarse a sí mismo todo lo que puede explicar un fenómeno denominado “paranormal”. Y, en el peor de los casos, cuando un fenómeno carezca de una explicación racional no nos lanzaremos directamente a la explicación más fantástica que podamos encontrar. Siempre digo que la primera persona en este mundo a la que le encantaría la existencia de miles de civilizaciones extraterrestres visitando la Tierra o que existieran los pitufos sería yo mismo.

 

Pero las cosas son como son y no como uno quiere. Así que dispónganse a disfrutar, porque les aseguro que un misterio resuelto produce más placer que cien misterios sin resolver. 

CSPR

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